Posted by : Vaig a Peu miércoles, 13 de abril de 2016

El mercado Central o Mercado de San Pedro es uno de los más antiguos del Cusco, fundado en 1925; a pesar de su antigüedad no tuvo cambios significativos, pero aún sigue siendo el mayor centro de concentración y abastecimiento de la ciudad. El encargado de la construcción de este mercado fue Gustav Eiffel, ingeniero francés. Desde inicios del siglo XX el mercado de la ciudad estaba emplazado en la explanada de la Plaza San Francisco, hasta el período del Alcalde Don Manuel Silvestre Frisancho, periodo en que se edifica un nuevo mercado de abastos. El nuevo edificio se construyó en lo que era el camal o matadero que estuvo emplazado desde tiempos coloniales frente al Templo de San Pedro y parte de los huertos del Beaterio de Santa Clara. El nuevo mercado de abastos se inauguró el 7 de Junio de 1925, fue la superficie cubierta más grande que hasta entonces se había construido, tipología totalmente desvinculada en su diseño de lo que era la tradición constructiva. Tiene un estilo colonial, es un edificio de planta rectangular y una sola altura, con columnas y cubierta metálica, que ocupa una manzana completa, no puede sino proceder de la necesidad de proteger la actividad que en otro tiempo debió desarrollarse, en este mismo lugar, al aire libre. Entrar al mercado, es conocer el patrimonio cultural de Cusco, sus costumbres, sus historias, sus productos, sus aromas, su forma de intercambio, la cultura viva que aquí alcanza una expresión autentica, porque se sabe que el mercado es un foco donde confluye la necesidad, donde tiene lugar el encuentro diario, una puesta en escena teatral entre vendedores y compradores, continuamente repetida en el tiempo. El turista puede apreciar el color de cuanto le rodea, lo primero que se puede ver son los mostradores repletos de frutas, expuestas de una manera muy particular, aquí el orden es compositivo, pictórico; una exuberante acumulación tan alejada a su entender, del desorden que curiosamente está muy bien establecido, así mismo se puede ver bancos donde es posible degustar comida tradicional y exquisiteces en diversa presentación, de acuerdo al paladar del visitante, junto a estos mostradores hay otros que ofrecen algunos productos básicos para el comercio y la alimentación de la ciudad, es el caso del maíz, extraído de la enorme variedad de choclos de todos los tamaños y colores, desde el casi blanco al negro morado, así mismo de otros productos típicos como la papa, yuca, camote, oca, maní, verduras frescas, productos secos, y gran cantidad de artesanía y ropa tradicional.


Anoche, recuperamos nuestras maletas y tras la ducha nos quedamos a cenar en el hotel. Hemos dormido de tirón y desayunado pronto, el Camino Inca nos ha dejado activados. Recibimos una nota de asistente del viaje, a las 15:30 nos recogerán para hacer una visita guiada. Tenemos la mañana libre y nos vamos hacia la Plaza de Armas.

Recordamos que ayer algunos componentes del grupo del Camino Inca quedaron para visitar el Mercado de San Pedro, nosotros no nos pronunciamos al no saber cuando teníamos la visita guiada. Siempre nos han gustado los mercados, es una manera de conocer a sus gentes, en Cusco todavía impera el Inca y Perú es un país de contrastes.

En las cercanías del mercado la gente bulle, en el interior todo es más calmado. El recinto es enorme y la primera impresión es de un desorden total, pero nada más lejos de la realidad, al recorrer los pasillos vamos descubriendo que los puestos están agrupados por secciones, según sus mercancías.

En el Mercado de San Pedro todo es puro, fuerte y estridente; no hay nada suave ni desteñido. Los colores gritan pero los sonidos no son ásperos, y los aromas son tan intensos que con los ojos cerrados uno puede saber en qué sección está: chocolate, especias, panes, quesos, frutas, flores, carnes…

Merece la pena recorrerlo sin prisas y atreverse a degustar alguno de sus productos. Nada más entrar están las “jugueras”, con mostradores repletos de  fruta rica y madura que te  hace la boca agua,  Maracuyá, papaya, fresas, bananas, uvas, piñas, naranjas... con distintos menús, donde las mezclan y baten haciendo unos jugos deliciosos.


No está muy iluminado, entra poca luz diurna y la de los puestos es muy tenue. El mayor colorido está en los puestos de flores, espectacular el contraste y la variedad de especies, sobre todo en orquídeas. Después vienen los “restaurantes”, pequeños puestos con mesitas y sillas donde sirven comida a módicos precios.

Ocupan una gran parte del mercado. En la zona central, los bancos y las mesas rodean las cocinas repletas de ollas y cacharros con sopas, caldos y guisos. En todos hay alguien comiendo. Al dar la vuelta están los de comida rápida con menús de arroces, tortillas y milanesas.


Los siguientes, son los más duros de contemplar para los europeos: los puestos de carne. Cabezas de vaca o toro ensangrentadas sobre un mostrador, vísceras y tripas tendidas en ganchos, corazones de res colgados, muy apreciados en la cultura inca. No vemos cámaras frigoríficas y hay un tufillo acre en el ambiente.

Pasamos rápidamente a las legumbres y el maíz, con infinidad de variedades, expuestos en grandes costales abiertos, las quinuas en sus tres modalidades. Las papas, con su gran diversidad, las sembradas en tierra negra son las más sabrosas.  Los quesos en piezas enormes que venden por mitades o cuartos.


Vienen cosas más agradables, puestos de chocolate fabricados con cacao del Cusco, cafés peruanos que se están abriendo paso en los mercados internacionales. Trincheras de panes, trenzados, wawas y rosquillas de trigo y maíz. Especias y atadillos de hierbas como remedios, las cerámicas y artesanías.

En un corredor oscuro cuelgan innumerables faldas de colores, de las que llevan las cholitas. Donde las modistas cosen en vetustas máquinas de coser; es la sección trajes a medida, remendones zurciendo, arreglando sombreros y zapatos, sastres afanándose sobre chaquetas llenas de hilvanes. 


Terminamos la intensa visita rodeando el mercado por las calles aledañas llenas de vendedores ambulantes. Luego nos tomamos dos cuzqueñas bien frías con unas de deliciosas empanadas, en una cafetería cerca de la iglesia y nos marchamos al hotel.

Nos recogen a la hora prevista y nos llevan a visitar la Catedral, importante por su arquitectura y por sus lienzos de Pintura Cusqueña en su interior; el Templo del Sol Koricancha, sobre cuyas bases se construyó la iglesia y el convento de Santo Domingo. No está permitido hacer fotos, excepto en los claustros.

El transfer nos traslada a la afueras de Cusco para ver el sitio arqueológico de Sacsayhuamán, que es una de las construcciones incas que más asombra a los turistas y que, según nuevas hipótesis, señalan que habría sido un importantísimo centro ceremonial y no una fortaleza.

Su nombre quechua significa "halcón satisfecho". Por tanto, era el halcón que custodiaba la capital del imperio, pues desde la colina en que se erigió domina toda la ciudad. Si, como se sabe, Cusco fue diseñado con la forma de un puma yacente, Sacsayhuamán vendría a ser su cabeza, en tanto que el Koricancha correspondería a los genitales del felino.

Se dice que la obra la inició Pachacútec y la continuó Túpac Yupanqui, aunque algunos cronistas señalan que fue Huayna Cápac quien le dio el toque final. El Inca Garcilaso de la Vega cuenta que Apu Huallpa Rimachi fue el arquitecto principal, y que Maricanhi, Acahuana Inca y Calla Cunchuy, tomaron sucesivamente el control de las obras.

Ahora nos vamos a Tambomachay, el nombre proviene de dos palabras quechuas: Tampu, que significa alojamiento colectivo y Mach´ay, que significa lugar de descanso. Sin embargo, según otras referencias, la palabra "machay" significa "cavernas", lo que describiría el peculiar entorno del lugar en el que se aprecian estas formaciones rocosas naturales.

Formado por un conjunto de estructuras de piedra finamente labradas, acueductos y caídas de agua provenientes de los manantiales y fuentes termales cercanas (por lo que se piensa estuvo relacionado con el culto al agua) es uno de los pilares de la cosmovisión andina. Es considerado como uno de los adoratorios del primer ceque del Antisuyo.

Llegamos a Q’enqo, los españoles clasificaron este monumento como un anfiteatro, seguramente porque muestra una construcción semicircular. En realidad, se ignora la finalidad de esta construcción ciclópea, que bien puede ser un altar, un tribunal o la tumba de un inca, tal vez de Pachacútec. Se presume que fue uno de los santuarios más importantes que hubo en el incanato.

Tras la visita, comienza a caer la tarde y desde uno de los miradores tenemos espléndidas vistas sobre Cusco. Regresamos a hotel y más tarde salimos a buscar un restaurante cercano para la cena.


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