Posted by : Vaig a Peu sábado, 16 de mayo de 2015

Beniarrés, Benafarrez, Benarraes, Benarés, Beniarraez... así ha sido y es conocido el lugar asentado en una pequeña colina a la entrada de la Vall de Perputxent, al que cruza el río Serpis. La presencia humana se desarrolla en estas tierras desde la Prehistoria, siendo la Cova de l'Or el símbolo más emblemático; pero es a partir del 5 de abril de 1259 cuando aparece la primera documentación escrita, constando la existencia de una torre defensiva y alrededor de la misma unas pocas casas. Aunque geográficamente pertenece a la Vall de Perputxent, se encuentra bajo el dominio del Señor de Planes. En 1273, Dª Teresa Gil de Vidaura, señora de Planes y Travadell, vende la alquería de Beniraehç a Ramón de Riusec, señor de Perputxent. Al poco tiempo, ya incorporado al Valle, concretamente el 25 de abril de 1275, se otorga una Carta Puebla a diez moradores cristianos. Ese mismo año, Beniarrés pasa a manos de Arnaldo de Romaní, y poco más tarde a su hijo de igual nombre perteneciente la Orden de San Juan del Hospital. El 17 de julio de 1317, al crearse la Orden Militar de Nuestra Señora de Montesa absorbiendo los bienes de la de San Juan del Hospital y la del Temple, Beniarrés queda incorporado a ella, tomando posesión del Valle el 1 de marzo de 1320. Bajo su tutela estará hasta la disolución de los señoríos a mediados del XIX. Apenas 100 años después de la primera carta Puebla de 1275, ya no quedaban cristianos en Beniarrés y todos sus habitantes eran moriscos que continuaron cultivando los campos y cuidando de sus ganados hasta su expulsión en 1609. A partir de ese momento se repuebla, no sin dificultad, con familias venidas de la Huerta de Alicante, de los Valles de Albaida, Onteniente, Guadalest y de los lugares vecinos. Muchas son las vicisitudes históricas y los problemas derivados de la climatología y el cultivo de la tierra, ya que ésta en su mayoría es de secano, produciéndose trigo, uva, aceitunas, almendras y hojas de morera, las cuales sirvieron como base para una floreciente industria de la seda hasta el siglo XIX. Fue en 1748, como consecuencia de los terremotos cuando se dio la providencial devoción de Frey Joseph Vilaplana quien supo inculcar a todos los habitantes de este pueblo la devoción a la Virgen de la Cueva Santa, nombrándola Patrona y Protectora del Lugar. Con la decadencia de la industria de la seda en el XIX, los vecinos de Beniarrés potencian el cultivo del olivo con la construcción de enormes terrazas de piedra en las laderas de las montañas, llegando a alcanzar gran fama la calidad de su aceite. Con la venida del ferrocarril, de la luz eléctrica y el telégrafo se propicia un resurgir de cara a la modernidad que empuja imparable el devenir de Beniarrés. Gran impacto tuvo la construcción del Pantano de Beniarrés en los años centrales del siglo XX que atrajo a muchas familias venidas de otros lugares a residir en la localidad. Aunque importante todavía, la agricultura pasa a un segundo lugar y sus habitantes optan por nuevos medios de ganarse la vida para poder afrontar el futuro.
CÓMO LLEGAR: Autopista A-7 hacia Valencia, Salida 691 en la rotonda elevada Universidad/San Vicente del Raspeig, tomar dirección Alcoy, una vez pasados los túneles de la Font Roja, continuar hasta la salida 802, Muro de Alcoy/Benimarfull/L’Alqueria d’Asnar, continuar por la CV-700 a Muro de Alcoy, en el primer semáforo, torcer a la derecha por la CV-705 hacia Gaianes y llegar a Beniarrés. Aparcar en la Plaza del Dr. Fleming.
ITINERARIO: BENIARRÉS / ANTENAS / INICIO BARRANCO / INICIO PEDRERA / COLLADO-1 / COLLADO-2 / BENICADELL / CRUCE BENIATJAR / NEVERA / COLLADO GAIANES / COVA NEGRA / CRUCE IZQ. / FONT BARRANC DEL PORT / BENIARRÉS.
COMPONENTES: VICENTE, JULIÁN Y PATRO.

LA RUTA: El Benicadell es una de las montañas más bonitas de la provincia, no tiene la plasticidad de Bérnia, pero a cambio posee un catálogo de mil caras, dependiendo desde donde se mire. Su cara más recia y agreste se contempla desde la Canal, abrupto pasillo con fuerte desnivel entre portentosas paredes verticales.

Es el tercer año consecutivo que vamos a subir el Benicadell por la Canal, siempre desde distintos puntos, Ráfol de Salem, Beniatjar y hoy Beniarrés. También cambiaremos el regreso, que haremos por su vertiente sur. Hace un precioso día de primavera y el pueblo está tranquilo a estas horas.

Iniciamos desde la plaza, saliendo enseguida a campo abierto con la primera imagen de nuestro objetivo: el Benicadell. En el otro lado, por encima de las casas del pueblo, tenemos la Sierra Mariola culminada por el Montcabrer. Un nativo se interesa por nuestra ruta y cuenta que su abuelo lo subió en burro.

Entre almendros vamos dejando el pueblo atrás por el camino asfaltado de Salem. Sobresalen la cúpula y la torre de la iglesia de San Pedro, la ermita del Santísimo Cristo, y  las peladas lomas de la Sierra de Almudaina.  Por delante la imagen del Benicadell acapara toda nuestra atención.


El camino serpentea tomando altura en una cuidada zona abancalada con terrazas de  almendros y vetustos olivos, entre muros de piedra seca en un lado y en el otro, con grandes rocas alineadas formando recuadros. Alcanzamos las inevitables antenas, al menos están fuera del entorno de la montaña.


La nítida visión de la sierra es de una belleza seductora, con la Canal rasgándola de este a oeste. Al llegar a un poste de madera con una paleta informativa: “BENICADELL REGALL”, dejamos el asfalto por la izquierda por un camino de tierra que describe una gran curva en la ladera abancalada.

Poco después conectamos con el Barranc de la Bassa de Ciment, que nos conducirá hasta la base de la pedrera en el inicio de la Canal. Es un angosto y entretenido recorrido entre sendas que suben y bajan al cauce, cerca de las terrazas y entre abundante vegetación donde resaltan las floridas adelfas.


Poco antes de llegar oímos voces, y nos fijamos en el tremendo farallón rocoso que culmina en el Altet de la Carena, puerta de la Canal e inicio de la gran cresta del Benicadell. Dándole al zoom de la cámara, captamos a varios escaladores que, encordados, intentan progresar por el vertical pivote.

Salimos del barranco y enlazamos con la senda de la pedrera. Ahora viene lo bueno. El principio es duro y exigente por lo inestable del sendero, con mucha piedra suelta y erizado desnivel. La Canal no se ve, solo un herboso collado. Los bastones surten efecto dándonos estabilidad.


Mientras tomamos resuello, entre respiro y respiro, observamos a los escaladores en sus peripecias. Hacia abajo, la primavera nos obsequia con un manto amarillo de matorral florido; en los alrededores de la otra pared, el matorral, es distinto sin apenas flor y predominan las pequeñas sabinas.


Viene quizás el tramo más riguroso, pedrera pura y dura con acentuado desnivel. Es cuestión de asegurar los pasos y seguir una cadencia lenta pero constante, que nos permita avanzar sin retroceder. Las miradas al paisaje y al progreso de los escaladores son vitales para ir tomando aire.

Alcanzamos el primer collado. La visión de la montaña es de un atractivo impactante. Por la izquierda le vuelve a crecer hacia arriba otra muralla, y la Canal queda claramente definida, hendida por un tortuoso y seco cauce por donde en días de tormenta precipitará sus aguas torrenciales.

Tras repostar líquidos e hidratos de carbono saboreando bonitas miradas al Comptat, atacamos el segundo tramo de la Canal. Aparentemente más escarpado, y que se suaviza una vez iniciado. Debemos separarnos del cauce del torrente, mucho más pedregoso, buscando las sendas y firmes rampas de la derecha.

Poco a poco nuestro esforzado empeño va ganando desniveles y ya no nos parece tan inclinado. El estímulo de superar las cortas referencias que nos vamos imponiendo nos hace sonreír al ver la altura alcanzada. Mientras, en la cresta, los escaladores aseguran cuerdas para un paso complicado.

Sobrepasamos un grupo de pequeñas y delgadas carrascas donde termina la segunda pared y con ello la Canal, haciendo un pequeño rellano con grandiosas vistas. En este segundo collado el paisaje lo inunda todo. Es un sitio encantador con Beniarrés y su pantano a nuestros pies.

En el siguiente tramo el desnivel es menos exigente, y la estrecha senda discurre pegada a las altas y pétreas paredes que configuran las crestas donde está situado el punto geodésico. Desde el collado, la sensación es de una senda inestable y desprotegida. Todo lo contrario. Técnica y físicamente es de sencillo tránsito.

Llegamos al pouet, y a la higuera junto a la casa derruida, donde dejamos los bastones y las mochilas para atacar la cumbre. Este es un punto muy concurrido donde confluyen todas las rutas, de la solana, de la umbría y la Canal. Solo con las cámaras nuestros cuerpos parecen levitar.


Cumbre del Benicadell (1.104 m.) maravillosas vistas desde su impresionante cresta, que separa las provincias de Valencia y Alicante. Regresamos al mirador para buscar un sitio aireado donde dar buena cuenta de nuestro merecido almuerzo, con singulares miradas al amplio valle.

Desde la higuera comenzamos el descenso siguiendo las marcas del PR. En esta posición vemos en el serpenteante sendero diversos grupos de gente que está subiendo, y con los que nos cruzaremos. Más tarde dejaremos por la derecha el PR-CV 223 que da acceso a los pueblos valencianos de la umbría.

Proseguimos, haciendo una leve subida y desviarnos por la izquierda para alcanzar la Nevera del Benicadell (1.025 m.) Su fuerte estructura le ha permitido mantener intacta su cúpula y sus ventanas, pese a estar invadidas, también en su foso, por plantas trepadoras. Regresamos al sendero.


Con el PR-CV186, ganamos el collado de Gaianes, y por la izquierda tomamos la variante que  desciende a esta población por la solana, que es la vertiente alicantina. La vegetación cambia por completo, abundan más la coscoja y el esparto. Pasamos muy cerca de la alargada boca de la Cova Negra.

Es un descenso rápido por un sendero que zigzaguea la ladera buscando el mejor paso; tomamos precauciones en los tramos con piedra suelta. En los altos espolones todavía vemos gente en la cumbre. Por la izquierda nos acerca la base de las paredes para luego bajar directamente.

Las paredes se quedan atrás a medida que nos acercamos a Gaianes. Tras cruzar un ramblizo y un trecho más pedregoso, enlazamos con un camino de herradura con un poste informativo del PR que sigue por la derecha. Nosotros debemos continuar por la izquierda, sin marcas ni referencias.

Este camino continúa en ligero ascenso paralelo a las paredes de la sierra, en las que vamos escudriñando todos sus recovecos y cárcavas hasta alcanzar un pequeño rellano entre pinos, donde hacemos una corta “V” para esquivar una valla, y entre bancales conectar con un camino de cemento.

El estrecho camino culebrea con un desnivel moderado entre bancales y terrazas en producción, mayormente de olivos; teniendo siempre al frente la vista completa y cercana del pueblo de Beniarrés. Cuando el desnivel comienza a estabilizarse enlazamos con el Camí del Barranc del Port.


Más adelante, por la izquierda entramos en la Font del Barranc del Port, pequeña y sombreada área recreativa con varios caños de fresca agua donde nos refrescamos. También hay una especie de nicho enrejado, con una imagen, velas encendidas y flores frescas en tarros con agua.


Con la abrupta imagen del Benicadell a nuestras espaldas entramos callejeando a Beniarrés, dando por concluida esta espectacular ruta. Tomamos unas cervezas en la plaza de la iglesia, pero tenemos que rodearla para poder fotografiar su mediterránea cúpula azul y blanca.

RECORRIDO: CIRCULAR.
AGUA EN RUTA: SI. (La Font del Barranc Port, al final de recorrido)
DISTANCIA: 12,1 KM.
TIEMPO: 05:00 HORAS.
ALTURA MÁXIMA: 1.104 M. (Benicadell)
ALTURA MÍNIMA: 390 M. (Beniarrés)
DESNIVEL POSITIVO: 765 M.
DESNIVEL NEGATIVO: 765 M.
DIFICULTAD: ALTA.

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