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LA PRESA DEL PANTANO, EL CASTELLAR, EN BUSCA DE LA FONT DEL PI Y VARIANTE DE LA SENDA JUMAJI PARA EL REGRESO.

La Sierra del Tabayá se encuentra al Norte, se trata de una pequeña elevación montañosa de apenas 403 metros en su cota más alta y su extensión se reparte al Sur para el término municipal de Elche y la cara Norte entre los municipios de Aspe al Oeste y Monforte del Cid al Este. La partida de Ferriol encierra en su cara oriental el Pantano de Elche, y más concretamente en las faldas de esa sierra se encuentra el denominado Rincón de la Morera, antiguo vergel en el que antaño abundaban los manantiales y existían multitud de cultivos. En dicha sierra se encuentran varias minas y manantiales abastecidas posiblemente por el acuífero Colmenar, el de la Vega Baja, o cualquier otro que al menos nosotros desconocemos. Seguramente la galería de captación que tratamos hoy recoja agua de lluvia que se va filtrando por el barranco hacia donde se dirige su túnel o galería de filtración como su nombre indica. Concretamente la mina, su trinchera y la bocamina, se encuentran en monte de utilidad pública AL045, gestionado por la Conselleria con el nombre PEDRERA, FERRIOL Y CASTELLAR, con 1.153.736 m2. Desgraciadamente a causa de la sobreexplotación de los acuíferos, la mayoría de las fuentes se secaron, provocando así que desapareciera el vergel alrededor de los años 70, y con él la vegetación rupícola del lugar. Actualmente el terreno que antes ocupaba el vergel se ha convertido en un badland y cárcavas formado por areneras, limos y arcillas y con especies vegetales propias de saladares como Salsola oppositifolia y Limonium sp, además de otras características del Mediterráneo como espino negro, esparto, lentisco y bolaga. El monte Tabayá está formado por materiales limosos arenosos alternados con margas cementadas. Dada la naturaleza arenosa de la sierra y a causa de la erosión alveolar, se pueden encontrar diversos taffonis a lo largo del monte, dándole a este un aspecto peculiar en algunos tramos. Siguiendo el camino del Racó de la Morera, al lado de un gran pino piñonero y al pie de la montaña, se encuentra la “Font del Pí” o «Font de la Reina», la cual es una de las minas del lugar que aún conserva agua debido a las filtraciones más profundas de las montañas colindantes. En el tramo digamos principal o inicial de mina existe el depósito aluvial de barranco del cuaternario reciente, con una parte superior de material como arenas, gravas y roca caliza y en la inferior de los mismos materiales más cementados, con un alto parámetro de infiltración por donde circulan con mucha facilidad las aguas subálveas que en líneas de flujo se filtran a través de las paredes de piedra. Se estima que esta mina fue construida en el siglo XIX, ya que, al no disponer de recursos tecnológicos como los bombeos, la población del lugar tuvo que usar la propia pendiente del monte para extraer las aguas subterráneas, creando una galería filtrante. La mina dispone de una galería que conozcamos. En la bocamina, antes de entrar, se encuentra una gran explanada con la trinchera y los materiales que se extrajeron de la misma mina. En línea recta nos encontramos con unos 10 metros de galería, seguido aparece una bifurcación de unos 50 centímetros a la izquierda, donde se encuentra el primer pozo de ventilación y la galería de recolección a la derecha, creando un recorrido o galería casi en zigzag (unos 70 metros calculamos) siguiendo el barranco contiguo hasta encontrar los puntos de infiltración de agua, así como el segundo pozo de ventilación. Hoy en día la mina está inundada debido a la construcción de un pequeño toll o murete en la bocamina haciendo que el agua se quede estancada en el interior a modo de balsa, (o parecido a una balsa). En el muro que hace de tapón, hay un grifo que, tras su uso, con el paso del tiempo, ha provocado que se haga un pequeño camino cubierto de especies vegetales como el carrizo o juncos que lleva hasta el gran ejemplar de pino. El tupido carrizal hace de cobertura a la bocamina, habilitando que crezca un helecho, propia de sitios con agua y sombra (Adiantum capillus-veneris). A través de una muestra del agua de la mina, se obtuvieron los datos de conductividad eléctrica y de la temperatura del agua. La temperatura era de 15.8°C y la mineralización de 2.53 mS/cm. Este último dato indica que el agua no es apta ni para consumo humano ni para regadío salvo en algunas excepciones. Esta salobridad del agua puede ser a causa de infiltraciones ya que la mina no está tratada con cemento hidráulico para evitar estas, o por la influencia de los facies Keuper próximos al lugar y en general el tipo de terreno. (Texto del Blog ElcheXploreR).

DESDE EL MOLÍ DELS MAGROS AL CASTELLAR DE MORERA Y AL TÚNEL DE LA CANTERA DE ROMÁN, ELX-ASPE.

El Paraje Natural Municipal de los Algezares, declarado por el Consell de la Generalitat Valenciana, en 2013, es un espacio protegido de unas 507 hectáreas que ocupa el sector más oriental del término municipal de Aspe, en torno al río Vinalopó, lindando con Elche y Monforte del Cid. Este enclave atesora interesantes elementos naturales históricos y culturales que hacen obligada su conservación. El entorno presenta una gran variedad de materiales, entre los que destacan las arcillas, margas y yesos. Estas rocas blandas junto con el clima de la zona, principalmente lluvias torrenciales, generan un paisaje totalmente socavado, de ello el topónimo de Los Barrancos. Cuando estos materiales se intercalan con otros más resistentes, dan lugar a formas curiosas por erosión diferencial. El río Vinalopó genera depósitos fluviales: cantos, gravas, arenas y conglomerados. El monte sustenta un matorral de aspecto desértico, con lentisco, espino negro, romero o esparto. El paisaje está salpicado de olivos y algarrobos, con reforestaciones de arbustos y pino carrasco. La humedad del río y sus barrancos permiten el crecimiento del carrizo, taray o adelfa, los yesos desarrollan tomillares gipsícolas, con albardín, jopo amarillo e incluso una especie en peligro de extinción (Launaea lanífera). El agua permite observar a la rana común o al sapo corredor. Son reptiles habituales la culebra viperina o el lagarto ocelado. Se pueden ver rapaces como el ratonero común en busca de presas o el mochuelo, con actividad nocturna. Otras aves son el carbonero, el carricero común del carrizal, o acuáticas como la gallineta y la cigüeñuela. Los mamíferos de hábitos nocturnos se detectan por sus rastros, como el zorro o el jabalí. El yacimiento de la Edad de Bronce del Tabayá es testigo último de la Prehistoria de la zona. El Castillo del Río, de origen árabe (siglo XII), es un poblado fortificado junto al Vinalopó. Aquí se han aprovechado la fuerza del agua para obtener harina en molinos harineros, e incluso para generar electricidad (Fábrica de la Luz 1895). Aguas abajo la presa del Pantano de Elche (siglo XVII) aún retiene las avenidas del río. Los puentes de Los Cuatro y Cinco Ojos destacan en la conducción de agua potable de Aspe a Elche (1789). El paraje, además ha sido lugar de extracción de arcillas y yesos para la construcción, como es el caso de la cantera de Román. El origen de su nombre está en la palabra valenciana referida al yeso, algeps

GRAN CIRCULAR AL TABAIÁ, EL CASTILLO DEL RÍO Y AL CAU, DESDE LA FONT DEL LLOP.

El origen de Aspe podría estar en la antigua Aspis ibérica, situada en el emplazamiento del castillo del Río. El castillo en sí fue levantado en el siglo XII por los árabes (almorávides). Fue el núcleo del primer asentamiento de Aspe, llamado Aspe Viejo. En el año 1225, dieciocho antes de que se produjese la ocupación cristiana, ocurrió un hecho trascendental para Aspe: Cuando el califa almohade Al-Udri, se había desplazado a Marruecos, el castellano Alvar Fañez, junto con los Concejos de Cuenca, Huete, Alarcón y Moya, realizaron unas algaradas por tierras de Murcia, produciéndose un enfrentamiento muy sangriento entre los castellanos y los musulmanes murcianos, en el castillo de Aspe. Este suceso fue quizás, junto con la insalubridad y estrechez del Castillo, la que motivó la creación y asentamiento de los pobladores del castillo, en la actual ciudad de Aspe, situada a unos cuantos kilómetros al Oeste, sobre una topografía más llana y en las proximidades de unas fuentes que brotaban en el curso del río Tarafa. El tránsito de uno a otro emplazamiento fue lento y durante algún tiempo pervivieron los dos núcleos urbanos, como se demuestra en un privilegio de Alfonso X a Alicante, fechado en 1252 y en el que se habla de “Aspe Nuevo” y “Aspe Viejo”. El lugar fue conquistado en 1265 por el infante don Pedro, quien lo cedió a Alfonso X. Por un breve periodo de tiempo perteneció al infante Juan Manuel, hasta que durante las guerras con Castilla fue ocupado por los aragoneses en 1296 y confiado al rais de Crevillente. En virtud de la sentencia de Torrellas de 1304 Aspe quedó definitivamente incorporada al Reino de Valencia. Conoció diversos señores pertenecientes a la Casa Real, hasta que a finales del siglo XV pasó a los condes de Cocentaina. Ha sido excavado en repetidas ocasiones por los departamentos de arqueología de la Universidad de Alicante y de la Diputación.

ENTRENANT PER LA SENDA DE LAIA HASTA EL CAU, REGRÉS PER EL BARRANC DE LES CARRETES.

Siempre tuve curiosidad por conocer de donde procedía la piedra con la cual se construyó nuestra basílica de Santa María. Mantenía en mi pensamiento un lugar que habría de distar poco de Elche, muy cercano al pueblo; es decir, amparado en el transporte lento de los carros, rodando sin prisa alguna. Así que, llevado de tan inquietante pensamiento, hablé con un amigo conocedor de los montes cercanos, quien me dio la noticia de saber donde se hallaban las dichosas canteras. Es más, se ofreció enseguida para ser raudo y amable guía. Lo cual supuso que ajustásemos de inmediato el día de la excursión. Comentaré que iniciamos la caminata -junto a otros compañeros interesados en la historia- penetrando en el barranco de San Antón, una vez pasada la urbanización Buenavista. Y seguimos su cauce, tachonado de agrestes entrañas, venciendo continuos obstáculos. Era, insisto, un ramblizo rendido al paso del tiempo, donde se hacía difícil avanzar. Cosa curiosa: dicho paso, trazado sobre el fondo de la barranca, seguía un rumbo asfixiante que se curvaba y retorcía acoplado al repliegue del monte. Empero, de cuando en cuando, aparecía en él, la rodadura marcada en roca viva por la llanta de miles de carros que lo habían hollado en su lento trasiego. Por supuesto, nos costó bastante llegar al grupo de las centenarias canteras. Mas al fin, en una bella hondonada de pinos, respetada por el acrecentado silencio de una montaña desolada -sierra que lleva en el plano topográfico de Elche el extraño nombre de Peligros- hallamos los callejones abandonados de las ansiadas pedreras. Confesaré que me llamaron la atención las caras perfectas de tales canteras suministradoras de la piedra arenisca de nuestro templo. Superficies lisas, cortadas limpiamente, lo cual daba a entender que nos hallábamos ante un tipo de roca que admitía ser tratada bajo la extracción por cuñas y luego retocarse con escoplo. Un trabajo de muchísimo esfuerzo, propio de hombres esforzados, capaces de poder superar el agobio de una tarea realizada entre el polvo y la crudeza del sol inclemente. Pensé entonces en el agua y en la sed de semejantes canteros. Seres perdidos allá en el silencio y extravío de estos montes. Y he aquí que mi amigo me mostró el recurso heroico para conservar el agua. Era un aljibe excavado en una laja del lecho de la barranquera. Estaba formado por cierta cubeta rectangular, cubierta con losas planas, en una de las cuales se abría el brocal, - apto para cerrarse con tapadera - cuya boca permitía sacar agua con pozal. Dicho aljibe se alimentaba por fino canalillo, abierto en la roca, regata que llevaba el agua de lluvia a una arqueta-arenero y de allí rebosaba cayendo a la poza o aljibe. ¡Qué empeño pusieron los constructores de Elche para que estas canteras cercanas funcionasen largo tiempo! Debe saber el lector que la iglesia de Santa María tardó ciento once años en construirse, siendo además una obra muy superior a la economía de aquel pueblo nuestro, cercano al final del siglo XVII. Ahora conocemos muy bien que los dibujos realizados por Nicolás de Bussi para el templo local - los cuales maravillaron al Concejo - proyectaban un edificio demasiado grande y costoso para los tres mil habitantes que estarían censados en Elche. Sin embargo, la locura de un sueño salió adelante, gracias al tesón ilicitano. Y Santa María es hoy una joya incomparable hecha para albergar el esplendor de La Festa. ¡Lo he recordado al visitar las canteras! (08/04/2007 artículo en el diario Información)
martes, 26 de agosto de 2025
Posted by Vaig a Peu

DESDE EL MOLÍ DELS MAGROS AL CASTELLAR Y EL CAU, REGRÉS PER ELS LLOMETES DE LA SENDA JUMANJI Y LA SENDA ALS PEUS DEL CASTELLAR.

El proyecto de investigación arqueológica en el Castellar de la Morera (Elche) tiene como objetivo documentar uno de los yacimientos arqueológicos más interesantes, controvertidos y olvidados que el panorama de la arqueología islámica puede ofrecer en la provincia de Alicante. La investigación ha sido impulsada por el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), con la participación de la Universidad de Alicante y el apoyo del Museo Arqueológico y de Historia de Elche (MAHE) y ha surgido como un revulsivo ante el abandono secular de este importante yacimiento ilicitano, mencionado ya por Cristóbal Sanz en 1621 y dado a conocer por el historiador ilicitano Pedro Ibarra a finales de los años veinte del pasado siglo, pero olvidado por la investigación reciente. Su objetivo primordial es la explicación histórica del asentamiento a la luz de los convulsos procesos de la formación de una sociedad islámica entre los siglos VIII y X, entre los que se sitúa la problemática de la localización del topónimo árabe «Al-�Askar» (el campamento), aparente trasunto de una realidad percibida como urbana por el geógrafo oriental al-Ya�qubi en su obra Kitab al-buldan, fechada a finales del siglo IX. La eventual identificación de ese emplazamiento con el yacimiento explorado ha sido recientemente formulada por P. Guichard a partir de la confrontación rigurosa de las fuentes árabes con el valioso testimonio de la Yamhara o tratado de genealogía de Ibn Hazm, que radica en los distritos y alrededores de Elche al linaje árabe de los Banu al- ayj, famoso por sus episodios de disidencia en los castillos de Alicante y Callosa de Segura entre los años 924 y 928.

RUTA CORTA A LA COLA DEL PANTANO Y LOS ALGEZARES, REGRESO POR LA OTRA VERTIENTE.

El sendero medioambiental del Riu Vinalopó por el entorno del Pantano de Elx de unos ocho kilómetros de longitud, transcurre por el cauce del Riu Vinalopó en su mayor parte, conectando el centro de nuestra ciudad con el Paraje Natural Municipal de Los Algezares, ya en término de Aspe. El Riu Vinalopó a su paso por el término municipal de Elx, alberga valores paisajísticos y ambientales de enorme interés. También reúne importantes elementos patrimoniales relacionados con el aprovechamiento hidráulico, los cuales, en el caso de la Acequia Major, han potenciado la existencia del Palmeral de Elx, el mayor palmeral de Europa y Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000. Entre todos destaca el Pantano de Elx, una obra de ingeniería pionera en su época, primera presa en arco del mundo desde la época romana. El embalse, parcialmente colmatado de sedimentos, alberga un importante humedal con abundante fauna acuática. En las orillas del embalse y propio del Riu Vinalopó, nos encontramos con un interesante bosque de ribera con el taray (Tamarix sp.) como especie dominante. Este bosque, alrededor del pantano, se pone en contacto con saladares, dos formaciones vegetales que contrastan con la aridez del paisaje circundante. El Paraje Municipal de Los Algezares, declarado por el Consell de la Generalitat Valenciana en 2013, es un espacio protegidos de unas 507 hectáreas que ocupa el sector más oriental del término municipal de Aspe, entorno al Riu Vinalopó, lindando con Elx y Monforte del Cid. Este enclave atesora interesantes elementos naturales, históricos y culturales que hacen obligada su conservación. El entorno presenta una gran variedad de materiales, entre los que destacan las arcillas, margas y yesos. Estas rocas blandas junto con el clima de la zona, principalmente lluvias torrenciales, general un paisaje totalmente socavado, de ello el topónimo de Los Barrancos. Cuando estos materiales se intercalan con otros más resistentes, dan lugar a formas curiosas por erosión diferencial. El Riu Vinalopó genera residuos fluviales: cantos, gravas, arenas y conglomerados. Aguas abajo, la presa del Pantano de Elx (siglo XVII) aún retiene las avenidas del río. Los puentes de los Cuatro y Cinco Ojos destacan en la conducción de agua potable de Aspe a Elx (1789). El paraje, además, ha sido lugar de extracción de arcillas y yesos para la construcción, como es el caso de la cantera de Román. El origen de su nombre está en la palabra valenciana referida al yeso. Algeps.

RUTA CIRCULAR DE ELCHE A TORRELLANO ENTRENANDO.

Torrellano es una pedanía del municipio de Elche situada en la provincia de Alicante. Su núcleo urbano cuenta con 7638 habitantes (INE 2021). Se encuentra a 8 km. Al Este de la ciudad de Elche, 10 km al suroeste de Alicante y a 3 km del aeropuerto de Alicante-Elche, que ocupa parte de su partida rural. Su casco urbano es atravesado por la carretera Alicante-Murcia (N-340). En su territorio se encuentra el Instituto Ferial de Alicante (IFA) y el Elche Parque Empresarial que, con 3 000 000 m² construidos, es uno de los mayores polígonos industriales de la ciudad de Elche y de España. Este parque es un referente provincial y en él se encuentran las sedes o sucursales de las principales marcas internacionales de calzado español, aunque no está dedicado exclusivamente a este sector. Torrellano destaca también por su agricultura de tipo mediterráneo, en especial por el cultivo de almendros, granados, limoneros y diversas hortalizas. En los últimos años, Torrellano presenta un fuerte crecimiento demográfico (del 67 % entre 2000 y 2021).
jueves, 13 de octubre de 2022
Posted by Vaig a Peu

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