Posted by : Vaig a Peu jueves, 12 de marzo de 2026

Tal vez porque Cabo Fisterra esconde el verdadero secreto de la Costa da Morte: paisajes agrestes y playas impresionantes, unas (al abrigo del cabo) de aguas tranquilas y otras de fuerte oleaje como Mar de Fora, una de las playas más salvajes de Galicia. Y la gran atracción de todos los tiempos, la puesta de sol sobre la inmensidad del océano, el mar del fin del mundo. Sea por curiosidad o por vivir una aventura, Cabo Fisterra fue un imán desde la más remota antigüedad, atrayendo a viajeros de lejanos países y también, con peor fortuna, a tantos barcos que naufragaron en sus aguas. Hoy, con su potente faro Cabo Fisterra sigue ejerciendo un atractivo especial sobre los peregrinos del Camino de Santiago, que no dan por finalizado su viaje hasta llegar aquí. Por algo será. La punta es un acantilado en ascensión desde los temidos islotes de O Petonciño y de A Centola hasta el monte de O Facho (242 m) donde parece que estaba el Ara Solís de la Antigüedad para la celebración de los ritos solares. Tradicionalmente se considera el punto más occidental del continente, aunque en puridad no le corresponda tal título. Hasta aquí se prolonga el Camino de Santiago para los peregrinos que según la tradición queman a la orilla del mar las ropas y comienza el regreso a casa. Desde el principio de los tiempos Fisterra evoca un misterio insondable en el alma de los hombres. Las raíces del aura legendaria de estos parajes, abiertos a la inmensidad del Océano Atlántico, descansan en la mitología de los primeros pobladores de Europa. Los antiguos creían que el mundo terrenal daba paso, con la llegada de la muerte, a otra existencia en una isla situada al oeste, donde se ponía el sol. En las leyendas celtas es frecuente encontrar imágenes de héroes que hacen su último viaje a este paraíso en una barca de piedra. Esta unión de piedra, mar y espiritualidad pervive en distintas formas a lo largo de la Costa da Morte. Cuando los romanos llegaron a este lugar, presenciaron por primera vez el espectáculo sobrecogedor del sol hundiéndose en las aguas. Encontraron un altar dedicado al astro rey, el Ara Solis, erigido por las tribus celtas de la zona. Diversas fuentes ven un paralelismo directo entre la imagen del sol hundiéndose en el mar, y la hostia y el cáliz del escudo de Galicia. Hoy, una plaza en el pueblo recibe el nombre de Ara SolisConstruido en 1853, a 138 metros sobre el nivel del mar. Considerado el cabo del fin del mundo "Finis Terrae". Durante miles de años se pensó que más allá de él tan sólo existía una sima acuosa en la que el sol se apagaba cada noche y a través de la cual se llegaba a una región de tinieblas poblada por monstruos marinos. Es el faro situado más al oeste de Europa, con una torre octogonal, la casa del farero y una plaza de homenajes ofrendada al general San Martín y a la que se denomina, Plaza de la República Argentina. Se dice que con días claros se llega a observar la raya de Portugal. Es conocido por todos los navegantes del mundo, por su importancia como medio de advertencia de la proximidad de una costa sumamente peligrosa (su luz llega a alcanzar 65 Km de longitud), así como por la fama de traicionera de esta zona marítima.

COMPONENTES: VICENTE, GINÉS Y JOSE.

ITINERARIO: NEMIÑA / PONTE REGO DE VILACHÁN / PONTE VAOSILVERIO / LIRES / IGRESA SAN ESTEVO / RIA DE LIRES / PRAIA DE LIRES / CALA DE AREA PEQUEÑA / CALA DE AREA GRANDE /ACANTILADOS PUNTA DA LAGOA / PUNTA NARÍS / PUNTA BESUGUEIRA / PETÓN BERMELLO / PUNTA MIXIRICA ACANTILADOS DA MEXADOIRA / FERVENZA DA MEXADOIRA / PRAIA DO ROSTRO / PUNTA DO ROSTRO / PUNTA DO CASTELO / CASTRO DE CASTROMIÑAN / PRAIA DE ARNELA / ACANTILADOS CABO DE LA NAVE / PUNTA LONGA / ANTENAS CABO DE LA NAVE / PRAIA MAR DE FORA / FONTE DA INSUA / A INSUA /  CAMIÑO DA INSUA / MONTE FACHO / CRUCEIRO / FARO FISTERRA / LA BOTA Y LA CRUZ.



LA RUTA:
 La dura y gran etapa de ayer  la teníamos que finalizar aquí, en la Praia de Nemiña, pero la lluvia y la bruma nos encharcó las botas y la dimos por finalizada en el Cabo de Touriñán debido al horario.

 



Situada en un entorno privilegiado en la Ría de Lires, la Playa de Nemiña se encuentra al sur de Cabo Touriñan. Apta para la práctica del surf, existen varias escuelas que dan clases durante el verano. Además, es buen sitio para pescar unas lubinas de las mejores de la zona.

 



El taxi nos ha traído temprano y amanece un día soleado con nubes de algodón movidas por una suave brisa, nada que ver con el día de ayer. Pero como siempre decimos, esto es Galicia y hay que apechugar con lo que nos toque.

 



Iniciamos la última etapa de O Camiño dos Faros, si la de ayer fue dura ésta no se queda atrás y con buenos desniveles, pero volvemos a caminar sobre los acantilados mirando este bravo mar batirse contra esta temida costa.

 



Caminamos sobre pasarelas de madera admirando como las gaviotas picotean junto a las olas en la orilla de la playa. Vamos rodeando el arenal protegiendo las imponentes dunas que completan este paraíso de Nemiña. 

 



Hoy y a estas horas, hay marea alta y no podemos cruzar por la playa hasta la Ría de Lires, por lo que tendremos que dar un rodeo de unos tres kilómetros por el interior, usando el camino entre dunas que también han cubierto con pasarelas de madera. Realmente, este es el trazado oficial O Camiño dos Faros.

 


Para mayor protección han colocado estacas de madera unidas por gruesas sogas para evitar que nadie se salga y pise la frágil vegetación que tanto tiempo ha costado formarse. Esta protección es reciente por el color de la soga, de esta manera nos recreamos entre las dunas.

 



Termina el paisaje dunar y nos metemos hacia el interior por camino de tierra que se adentra en un pequeño bosque para al poco cruzar por un puente el Rego de Vilachán cerca de una gran balsa, comenzado a rodear la Ría de Lires.

 














Al poco y por camino asfaltado, donde se une otra vez el Camino de Santiago. Este tramo va paralelo al Río Castro por un sendero ancho entre bosques repletos de vegetación autóctona hasta llegar a la pequeña aldea de Vaosilverio.

 



Esta aldea tiene una única casa con un precioso y antiguo hórreo, son vecinos amables que se alegran del paso de los trasnos. Sobre el río Castro, y debido al auge del Camino de Santiago y su prolongación hasta estas tierras, se construyó en los últimos años este Ponte de Vaosilveiro, puente que sustituye a los antiguos pasos, que eran bloques de piedra.



El puente hace de frontera entre los concellos de Muxía y Cee. Continuando por el camino de piedra que coincide con la ruta jacobea llegamos a las primeras casas de Lires. Aldea con mucho encanto y ya acostumbrada al peregrino, que pasa entre hórreos y casas rurales restauradas.

 












En el centro de la población podéis encontrar siempre abierto el Bar As Eiras, que cuenta también con alojamiento y restaurante. Tened en cuenta que no encontraremos absolutamente nada más hasta llegar a Fisterra.

 













La Igrexa de San Estevo fue construida en el siglo XVII sobre los restos de una anterior, más cercana a la ría. Dejamos el Camino de Santiago a la izquierda y nosotros continuamos por el cementerio a la derecha, hacia el paraíso natural de la Ría de Lires.

 



La Ría de Lires es la más pequeña de Galicia y se forma en la desembocadura del Río Castro en la Praia de Nemiña. Comenzamos el cómodo paseo por este paraíso natural, entre las sombras de los árboles que crecen en sus orillas.

 



Este entorno es el hábitat perfecto para un buen número de aves, sobre todo, gaviotas, cormoranes y garzas, que encuentran comida fácil entre los restos que vuelcan al mar, además de tener un entorno tranquilo y lejos de la presencia del hombre.

 



Las mareas van modificando el paisaje totalmente dos veces al día, y cada vez que pasamos nuestras sensaciones son diferentes. Así llegamos a la Praia de Lires, un pequeño y tranquilo arenal que se forma en este lado de la ría. Fijaros si es pequeña que en la desembocadura se puede cruzar en verano en marea baja con el agua por los tobillos.



Todo el conjunto visto desde allí es una de las mejores panorámicas de este Camiño dos Faros: la Praia de Nemiña, con sus mil caras, la gran duna cubierta de vegetación y toda la desembocadura, con esta orilla de Lires en primer plano, que va mudando también de un año a otro. 

 



Desde la Praia de Lires a la del Rostro, O Camiño dos Faros se mete en un tramo por el que vamos a ver el litoral de Canosa, antiguamente llamado Ribeira de Calvoa, desde todas las perspectivas, con los acantilados de Punta Lagoa y la Mexadoira como principales protagonistas. Es un tramo complicado del camino en el que hay que estar atentos a los puntos y flechas verdes.

 



Salimos por el sendero ancho de tierra que parte de la playa y llegamos a las calas de Área Pequeña y Área Grande. Allí empieza la primera ascensión del día, corta pero intensa, que nos lleva a una altura desde donde contemplamos perfectamente lo que vamos dejando atrás.

 



A media subida, si nos asomamos a los acantilados veremos una punta rocosa que encima tiene unas piedras y a la izquierda del sendero hay en el suelo un panel descriptivo de Ponta do Narís, que es como llaman a dicha piedra.

 



Al llegar a Punta Lagoa el herboso sendero llanea un tramo y un poste con una paleta verde nos indica por donde descender para ver el acantilado desde las alturas. Ahora sí que escuchamos romper las olas allí abajo.

 



Obtenemos grandes panorámicas al Petón Vermello y a Punta Besugueira, con la espumosa Praia do Rostro al fondo que merecen más de una parada. Pero ojo, estos acantilados son inaccesibles y no debemos bajar a ellos.

 



Una vez que salimos del acantilado de Punta da Lagoa, el sendero se vuelve a meter hacia el interior, más fácil de andar, mientras caminamos a más de 100 metros sobre el nivel del mar que no dejamos de ver y escuchar en ningún momento.

 



Así llegamos a la desviación por la que bajamos a Punta Mixirica, comienzo del acantilado da Mexadoira, que atravesamos con mucho cuidado. Procurar no salirse del sendero porque aquí sí que en algunos metros la caída vertical.

 


Es alucinante… y difícil de describir. Los acantilados se desploman en vertical sobre una base de rocas que, con el mar rompiendo contra el peñón de granito rojo, confieren un paisaje muy peculiar y sobrecogedor 

 



Al final del acantilado, un regato que baja del monte cae en los bolos de la costa, formando la pequeña Fervenza de Mexadoira. Hay que tener cuidado y no acercarse mucho al borde, ni bajar a sacar la foto de la cascada, porque todas esas rocas están muy resbaladizas y es muy difícil aguantar el equilibrio.

 



Cuando llegamos y nos damos la vuelta, es cuando realmente admiramos, sin ningún peligro, toda la belleza de este lugar. Otra vez un tramo salvaje único del Camiño dos Faros… y desconocido para la mayoría.

 



Al salir de Mexadoira y ya vemos la inmensidad de la Praia do Rostro, a la que llegaremos en pocos minutos. La Praia do Rostro es otra maravilla salvaje de esta Costa da Morte. Una oda al mar, al salitre y al aire puro, un completo lujo para los sentidos.

 



Abierta al Océano Atlántico, el constante viento que allí golpea durante buena parte del año ha formado un extenso sistema dunar, con alturas importantes y llenas de vegetación, lo que en algunas épocas del año le da un colorido que lo cubre todo.

 



Cruzamos los casi dos kilómetros del Rostro por la orilla del mar, sin prisa y disfrutando cada paso del paraíso que tenemos tan cerca. El viento fuerte y el mar furioso trabajan continuamente la arena ofreciéndonos, en invierno, sobre todo, imágenes sorprendentes.

 



Disfrutamos relajados de la travesía por la arena, escuchando el ruido de este mar que en pocos sitios escucharas rugir como lo hace aquí… es un sonido especial. O Camiño dos Faros, una sensación en cada paso.

 



Este tramo entre Punta do Rostro y Punta Castelo resume muy bien O Camiño dos Faros. Una costa de sublime belleza, llena de historia desde tiempos inmemoriales y que esconde un pasado de muerte en medio del paraíso.

 



Subimos de la playa y la panorámica desde la Punta do Rostro es impresionante. Debemos tener cuidado de no acercarnos mucho y contemplaremos esta maravilla en todo su esplendor: acantilados que caen en picado hacia el océano, con la Punta Castelo al fondo, mirando desafiante.



Justo aquí, en medio de esta explosión de vida, se produjo uno de los sucesos que cambió por unos días la vida de una comarca entera. La mañana del 5 de diciembre de 1987 el carguero de bandera panameña Casón navegaba a 15 millas de Fisterra encalló en la Costa da Morte tras un incendio provocado por su carga química peligrosa. El naufragio causó 23 muertes de los 31 tripulantes chinos y provocó una evacuación masiva de la población local por temor a una nube tóxica. La incertidumbre sobre la toxicidad real de la carga llevó a la evacuación caótica de los municipios de Fisterra, Cee y Corcubión. Hubo una mala gestión informativa por parte de las autoridades, generando el "éxodo" de los habitantes durante días, y persistieron dudas sobre la naturaleza exacta de la carga (productos químicos tóxicos vs. posible carga nuclear). Actualmente, el pecio del buque es objeto de debate sobre su recuperación, ya que forma parte del patrimonio subacuático y genera biotopos.

 



En nuestro recorrido por los acantilados, admiramos la belleza de este lugar tan agreste. Desde este balcón al mar, recordamos la historia…y continuamos camino en dirección a Punta Castelo y el castro de Castromiñán.

 



En la cumbre de Punta Castelo adentrándose en el mar, quedan los vestigios arqueológicos del Castro de Castromiñán que al no saber su ubicación exacta cuesta distinguir entre los toxos los restos de murallas.

 



A su lado, la Punta Gavioteira, otro acantilado desafiante. Su nombre no nos extraña…que mejor sitio para vivir siendo un ave marina en estos parajes solitarios. Desde allí podemos ver perfectamente nuestro siguiente destino: la playa de Arnela y los acantilados del Cabo de la Nave.

 



Ya falta menos para llegar al Finis Terrae, meta de nuestro camino. Este tramo recorre la costa que va desde Monte Castelo hasta la Praia de Arnela, la más occidental de Galicia. Transitamos por los desconocidos Acantilados da Arnela, que no tienen nada que envidiar al resto de la etapa.

 



Marcharemos por sendero irregular sobre el mar, viendo como rompe con fuerza contra las rocas. Después de recorrer todo el acantilado, descendemos hasta un camino asfaltado, y por sendero entre prados tomamos dirección al bosque sin llegar a él.

 



La Praia de Arnela, está completamente aislada y bastante protegida, aparece como un remanso de tranquilidad entre los acantilados de Punta Castelo y el Cabo de la Nave. Rodeada de un hermoso complejo dunar, pero es una playa muy peligrosa para el baño.

 



Por el sendero que bordea la Praia de Arnela llegamos a los primeros acantilados del Cabo da Nave. Toda esta etapa nos ha llevado por una costa agreste y abrupta, que hemos ido atravesando por las alturas, pero este tramo no tiene comparación.



Durante unos dos kilómetros y medio, iremos ascendiendo progresivamente por un sendero, desde una altura de 40 metros hasta alcanzar los 220 metros de las antenas del Cabo da Nave. Un tramo duro que deberemos tomar con muchísima tranquilidad.

 



Solo existe este trazo que tiene difíciles escapatorias. Desde el sendero vemos todos estos acantilados que caen en picado hacia un Océano bravo, salvaje, tenebroso…Estamos andando por un sitio seguro, pero mirar hacia abajo produce mucha sensación de vértigo. 

 



Desde aquí, Punta Longa se parece a un cocodrilo adentrándose en al mar. El sendero es espectacular y volvemos a estar en una ruta de montaña al nivel del mar. Rocas inmensas que nos hacen emplearnos a fondo, en un continuo subir y bajar.

 



Estos acantilados vírgenes sólo pueden tener dos colonizadores posibles: las aves y algunas cabras que se extrañan al vernos pasar. Vemos grandes rocas, que con un poco de imaginación nos parecen sorprendidas caras.

 



En la segunda parte el sendero se relaja y aunque sigue en continua pendiente, es más fácil de andar. Encontramos tuberías que conducen las aguas de pequeños manantiales y desaguan en algún punto, o sufren alguna pequeña pérdida.

 



Después de esta dura caminata, llegamos a las antenas del Cabo de la Nave, donde aprovechamos para tomar nuevas energías. Las vistas desde esta azotea son espectaculares. El monte que cae en picado, la playa de Mar de Fora y el imponente Monte Facho, que esconde en su final nuestra meta: el Faro de Fisterra.

 



Bajamos por la carretera de las antenas que pronto dejamos por un desvío a la derecha. Los Acantilados de Corticeiras son también tenebrosos y caen abruptamente al mar. Los atravesamos por su parte superior, por un sendero fácil y sin ningún peligro, mientras vemos a lo lejos O Centolo.

 



Desde allí y a través de una bajada con fuerte pendiente, llegamos a la playa. Con sus quinientos metros de longitud y algo más recogida que las anteriores, la Praia de Mar de Fora no deja de ser una playa orientada al mar abierto, ideal para pasear y respirar ese fresco olor que lo inunda todo, pero muy peligrosa para el baño.

 



Cruzamos la playa para coger la pasarela de madera que evita pisar las dunas acercándonos al pequeño merendero, y de allí, por el camino empedrado, cerca tenemos el Bar da Insua y una fuente próxima. Admiramos el precioso mural realizado por Teresa Candal.

 



Atravesamos la pequeña aldea da Insua pasando por otro bonito mural y un dibujo del logotipo de O Camiño dos Faros. Conectamos con el Camiño da Insua, encajonado entre muros y rocas que comienza a subirnos moderadamente.

 



Ahora sí es estamos seguros de conseguirlo. La subida a Monte Facho es tranquila y por pista, solo las grandes panorámicas rompen la monotonía. Hacia atrás vemos el fuerte descenso realizado desde el Cabo de la Nave a la Praia de Mar de Fora.

 



Mientras caminamos recordamos que Monte Facho es un lugar de leyenda, con numerosos restos arqueológicos que indican que allí pudo haber estado Dugium, la gran ciudad de los antiguos pobladores célticos de estas tierras, los nerios. Y que aquí, en la cima de Monte Facho, tenían su altar del sol: el Ara Solis, donde hacían sus ritos paganos de culto al astro rey.

 



La leyenda de la ciudad sumergida de Duio cuenta que fue inundada por castigo divino, quedando sepultada para siempre. Como todos los lugares paganos fue cristianizado. En este caso, fue San Guillerme, un anacoreta que construyó allí una ermita, para vivir sus días de oración en armonía con el Finisterrae. En las cercanías, las parejas estériles se acostaban en las Pedras Santas para alcanzar la fertilidad.

 



Monte Facho ha sido también, desde tiempos inmemoriales, un lugar clave en la navegación. Antes de la construcción del faro en 1853, en su cima se encendían hogueras para guiar a los barcos que surcaban estas difíciles aguas o para avisar a las ciudades, mediante el encendido de otros fachos, de las incursiones enemigas en esta costa. 

 



Al llegar arriba, el premio no es poco:  las primeras vistas del Faro Fisterra, al que llegamos por un camino totalmente distinto al resto: O Camiño dos Faros. Tantos kilómetros para llegar aquí y tantos paisajes recorridos provoca una mezcla de emociones y sensaciones difíciles de definir.

 



Hemos llegado al Finis Terrae, punto final de nuestro Camiño dos Faros, que nos ha llevado por esta agreste y bellísima Costa da Morte. La visión que se presenta nos impresiona, como ya lo había hecho con los romanos y peregrinos llegados aquí en todas las épocas.

 


El Faro de Fisterra, de primer orden, fue construido en 1853 para señalizar este punto geográfico clave en la navegación. La torre octogonal de cantería mide 17 metros y su linterna, situada a 138 metros sobre el nivel del mar, alcanza más de 30 millas náuticas. Originalmente funcionaba con lámparas de aceite, cambiándose posteriormente a lámparas de incandescencia, que emiten un destello cada 5 segundos.

 



La constante niebla del invierno provocó que se le añadiera un edificio anexo con una sirena en 1889, la Vaca de Fisterra, para avisar a los navegantes del peligro existente. Hasta hace muy poco, en días cerrados de niebla, emitía un sonido grave que se podía escuchar a más de veinte millas. Ahora mismo no está en funcionamiento.

 


El conjunto se completa con el edificio del Semáforo, construido en 1879 para dar señales a la marina de guerra. En la actualidad, después de una rehabilitación, es un pequeño y curioso hotel en el fin de la tierra. Si miramos para el sur, toda la Ría de Corcubión, las islas de la Lobeira y el imponente Monte Pindo completan este mirador natural.

 



Finalizamos bajando hacia los acantilados, donde está la bota de bronce de los peregrinos y la cruz de granito en recuerdo de tantas víctimas que se ha cobrado este impetuoso mar. Marchamos al bar del hotel Semáforo a brindar, con una alegría contenida, sabedores de que hemos realizado una ruta distinta a todo lo que conocíamos. Esta noche lo celebraremos y mañana regresamos a casa.






RECORRIDO: LINEAL.

AGUA POTABLE EN RUTA: SI. (Pero hay llevar provisiones)

DISTANCIA: 26,7 KM.

TIEMPO EN MOVIMIENTO: 9:40 HORAS

ALTURA MÁXIMA: 239 M. (Monte Facho)

ALTURA MÍNIMA: 0 M. (Nivel del mar)

DESNIVEL POSITIVO: 1.066 M.

DESNIVEL NEGATIVO: 935 M.

DIFICULTAD: MODERADA.

 

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