Aunque anoche estuvimos en este mismo templo con el espectáculo de Luz y Color, no tiene nada que ver con la visita de hoy. Ayer todo era audiovisual al tiempo que voces en off encarnaban a los personajes legendarios.
En el atractivo del templo de Filae, su magnífica ubicación juega un papel clave. El hecho de estar en una isla, la de Agilkia, a unos 10 km al sur de Aswan y donde no hay nada más que distraiga la atención, hace que sea fácil sentir la evocación del Antiguo Egipto. Aunque no todas las estructuras están en el mismo estado de conservación, la pureza de sus formas en armonía con las aguas del río y la vegetación de las orillas conforman un paisaje muy especial, que cobra toda su belleza cuando se admira navegando por el Nilo.
Para llegar hasta aquí, no hay opción de elegir: sólo puede hacerse en pequeñas barcas que zarpan desde un pequeño puerto del pueblo de Shellal, situado a varios kilómetros al sur de Aswan. Apiñados en su muelle se encuentran estas embarcaciones que apenas tienen capacidad para una decena de personas. Una suerte de taxis acuáticos que parten continuamente desde este puerto y desde el puerto de la isla.
El templo de Filae, en el Egipto más meridional, recibe el nombre de la isla en que se ubicaba originalmente, aunque como veremos más abajo, fue trasladada a su vecina, la de Agilkia. En realidad, lo correcto sería hablar de templos de Filae, puesto que son varias las construcciones que se levantan aquí.
Ninguna de ellas tiene una antigüedad comparable a la de otros monumentos del Antiguo Egipto, pero eso precisamente ha jugado a su favor: además de su innegable belleza y su fascinante diálogo con la naturaleza circundante, ha sufrido en menor medida los estragos del tiempo. Y de ello se benefician todos los turistas que visitan el templo de Filae.
La estructura más antigua de todas ellas es el quiosco de tiempos de Nectanebo I (siglo IV a.C, Dinastía XXX). El grueso del conjunto se encuadra en época ptolemaica, siendo Ptolomeo III (siglo III a.C) y Ptolomeo XII (siglo I a.C) algunos de sus principales artífices, aunque los romanos dejaron igualmente su impronta, como demuestra el quiosco de Trajano (en el siglo II d.C).
Los cristianos, por su parte, también dejaron su huella a partir del siglo VI, aunque no para bien: la ira iconoclasta provocó que se borraran o se desfiguraran imágenes de algunas diosas, a partir del siglo VIII. En el recinto también se construyeron o se adaptaron espacios para convertirse en iglesias, que no se han conservado y que perdieron su vigencia hacia el siglo XII.
En cualquier caso, el templo de Filae pervivió como tal más tiempo y en mejores condiciones que otros recintos sagrados. Eso se debió en buena medida a la devoción que despertaban entre sus gentes los dioses venerados en estos recintos sagrados.
Principalmente Isis, diosa madre en la religión egipcia cuyo culto permaneció vigente hasta el siglo VI, en tiempos del emperador bizantino Justiniano I. Pero también Mandulis, divinidad nubia muy arraigada en la zona, o la diosa Hathor, otra divinidad femenina muy asociada a la realeza por ser considerada madre simbólica de faraones.
Además del culto a Isis y a otras divinidades locales, el templo de Filae está asociado a otra pervivencia cultural del Antiguo Egipto: la escritura jeroglífica. Aquí es donde está documentada la última inscripción en este tipo de escritura, allá por el 394 d.C, cuando la escritura demótica era ya la vigente. Se encuentra en la puerta de Adriano y supone una invocación al dios Mandulis.
Con el taxi acuático regresamos al pueblo de Shellal. Nos han cambiado la hora del vuelo a El Cairo por lo que tendremos más tiempo. Fuimos a una tienda de especias con una gran gama de tés e infusiones de todo tipo.
Embarcamos para comer en la motonave y nos dio tiempo a despedirnos de la tripulación del bufet y descansar en los salones en espera de nuestro traslado en autobús al aeropuerto de Asuán con destino a El Cairo.
A la llegada, una vez recogido el equipaje, nos trasladaron en un nuevo autobús que sería exclusivo para el grupo en El Cairo. Nuestro nuevo destino era el alojamiento en el Intercontinental City Stars 5*, grandioso hotel con un espectacular salón de recepción con fuente, esfinges y obelisco.
Nos dieron unas etiquetas con el número de habitación asignado que colocamos en las maletas y se encargaron de subirlas a las correspondientes habitaciones. Pasamos a salón de bufet para cenar con una amplia variedad en todos los conceptos. Al llegar a la habitación nos sorprendimos de sus enormes dimensiones.





































