Posted by : Vaig a Peu sábado, 8 de noviembre de 2014

El arruí o muflón del Atlas (Ammotragus lervia), es un animal de la familia de los bóvidos y del orden  de los artiodáctilos, suborden de los rumiantes. Tienen una altura media entre los 95 y 100 cm y un peso de 110-120 kilogramos. Se encuentran normalmente en las zonas desérticas y montañosas de África septentrional, siendo introducido en Sierra Espuña a principios de los años 70 con unas decenas de ejemplares traídos desde los parques zoológicos de Franfurk (Alemania) y Marruecos. El arruí se le considera descendiente directo de las primeras caprinae y por tanto una especie intermedia entre las cabras y las ovejas (Ovis). Se trata de un animal fuerte y robusto, con patas largas, que le permiten un fácil desplazamiento por zonas más escarpadas de la sierra. La parte delantera, su cuello y cabeza son vigorosos. Es un caprino de gran tamaño y su pelaje es de color castaño claro. El manto es muy tupido; en cambio, en la garganta, pecho y patas anteriores se desarrolla una larga franja de pelo muy suaves y de un color beige claro, como las verdaderas cabras. La cabeza es grande con el hocico alargado, la frente es plana y la caja craneal corta. Sus cuernos grandes son de sección triangular, con la superficie anterior abombada y a veces surcada. Nacen próximos y se alejan al crecer con una curva en forma de semicírculo hacia atrás y hacia el exterior. Tanto los machos como las hembras tienen estos cuernos grandes y curvados. Los cuernos de los machos son muy gruesos y se arquean hacia atrás, y los de las hembras son mucho más delgados. Viven en grupos relativamente numerosos guiados por un macho dominante. Los viejos machos suelen ser solitarios. Pasa casi todo el día inmóvil camuflado sobre las rocas perfectamente por su manto. Por la noche desciende al fondo de los valles, donde se alimenta de pasto, frutos y también ramonea. Tiene gran facilidad para desplazarse por las rocas. Tiene una sola cría después de unos 160 días de gestación.

CÓMO LLEGAR: Autovía a Murcia, dirección Granada, salida en Alhama de Murcia, por el centro del pueblo en dirección al Parque Regional de Sierra Espuña, abandonamos la carretera que va al Berro y continuamos por la izquierda hacia el Centro de Visitantes y sin dejar la carreterita que sube a EVA-13 pasamos por la Fuente del Hilo, La Perdiz y llegamos al Collado Bermejo (1.201 m.).
ITINERARIO: COLLADO BERMEJO / SENDA CANALETA / TORREÓN DE LOS EXPLORADORES / COLLADO MANGUETA / POZOS DE NIEVE / COLLADO ELEUTERIO / ACEQUIA DE TOTANA / CAMINO PINILLO / DESVÍO PEDRERA / ARCO DE SIGISMONDI / ENLACE CAMINO / COLLADO BERMEJO.
COMPONENTES: VICENTE Y PATRO.

LA RUTA: Teníamos ganas de guerra y hemos desempolvado la ruta pendiente al Arco de Sigismondi y el Carrerón del Diablo. Ayer las posibilidades de lluvia eran remotas y poco aire. Hoy, está chispeando y soplan ráfagas de aire. Iniciamos por un camino paralelo a la carretera, acortando alguna de sus eses y tomando altura.

Subimos rápido, y pese a lo gris del día las vistas son espectaculares. En las Cunas, Peña Apartada se distingue con nitidez y el verde manto del pinar lo inunda todo, es como un mar de vegetación. Siento sana envidia de lo bien cuidado que lo mantienen.

Traspasamos la puerta y a unos 200 metros, estamos atentos  a los primeros hitos o mojones que veremos por la izquierda y que nos marcan la salida de la carretera. Actualmente están de obras por la Canaleta de la Luz, pero fácilmente veremos algún hito, e incluso marcas pintadas de azul.

Una vez localizados, es muy fácil de seguir, y hoy con las obras más todavía. Entre los pinos hay tapado un pequeño generador a gasoil y un cable eléctrico. Las vistas se van ampliando. Valle abajo, es una ondulada alfombra de verde pinar interminable.

En las partes más escarpadas del recorrido de la Canaleta han colocado un cable de acero, posiblemente para que a los obreros les sea más fácil acceder a ellas o sujetarse para acarrear materiales. Suponemos que cuando acaben los trabajos los quitarán, sería un error romper el encanto de esta preciosa subida.


Las panorámicas siguen creciendo, de no estar nublado veríamos el mar. Al llegar cerca de las paredes es más entretenido el ascenso con un fuerte desnivel; los achaparrados pinos y los arbustos de sabina dan color a las rocas. En la otra vertiente vemos la posible entrada a una cueva.


Nos queda el último y más duro repecho, que también ha sido equipado con un largo cable de acero, Patro escenifica la subida, pero cuando le digo que solo está sujeto a una roca que puede desplazar con su peso, lo suelta y sube con su esfuerzo físico.

Al llegar arriba, una nube lo cubre todo, nos resta visibilidad y deja caer algunas gotas de agua, el aire comienza a soplar. El sendero gira a la izquierda para superar la pedregosa loma, comenzamos a distinguir algunas de las instalaciones de EVA-13.

Alcanzamos el Torreón de los Exploradores (1.570 m.), que todo el mundo toma como referencia de mayor altura, ya que el vértice geodésico del Morrón de Espuña (1.583 m.) está situado dentro del vallado recinto militar de EVA-13, al que no tenemos acceso.

En la cruz de hierro que marca este punto, hay colocadas dos placas metálicas en recuerdo de dos montañeros fallecidos. La brumosa nube que el viento agita parece deshilarse, pero nos hemos perdido las fabulosas vistas desde esta altura.


Proseguimos por el asfalto de la carretera contemplando las instalaciones militares en descenso hasta la primera curva, donde un hito marca la salida por la derecha y enlazamos con la senda de bajada. En el cielo se abren claros y entre nubes vemos el Morrón de Alhama (1.444 m.) y la Morra de las Moscas (1.502 m.)

Esta preciosa y cuidada senda  nos pasa por un superviviente pino bandera, de los pocos que quedan a esta altura, después va buscando las lomas y entre ellas nos desliza cómodamente y atraviesa dos veces la carretera. Esbozamos una sonrisa al ver un cachito de arco iris entre las nubes.

Con grandes lazadas nos sigue descendiendo, es una zona deprimida por el frío y las nevadas; con esporádica vegetación arbórea y escasa de matorral, que va aumentando paulatinamente en algunos rincones cerca del Collado Mangueta (1.404 m.)

Hay movimiento de gente en el Collado. Marchamos por el camino forestal del Pedro López, nos detenemos en el mirador de los Malvariches y en los Pozos de Nieve de Cartagena. Esta zona es muy frecuentada para paseos cortos, por su escaso desnivel y la cercanía del parking del Collado.

Al pasar los Pozos de Nieve de Murcia y antes de subir la Cuesta de la Peseta, nos cruzamos en sentido contrario, con corredores con dorsales y espaciados poco tiempo unos de otros. Dejamos por la derecha el camino a los Malvariches y llegamos al Collado Eleuterio (1.448 m.)
En este apartado collado, metidos dentro del bosque de pinos, queda claro que estamos compartiendo recorrido con una carrera pedestre. Seguimos recto hasta tomar la bifurcación que hay a la izquierda. Por este ancho camino seguimos acompañados de corredores y gente que hace el trayecto a pie.

Atravesamos la desvencijada puerta del parque con algunos comederos para muflones y por la derecha bajamos por la tubería de la Acequia de Totana, acortando todas las serpenteantes lazadas que el camino hace. Aquí los corredores van al paso.

Llegamos a la pista forestal de la Carrasca, donde hay un puesto de avituallamiento para los corredores. Giramos a la izquierda dejando el curso de la carrera y continuamos un poco más, hasta conectar por la izquierda con el camino de las Casas del Pinillo.

Poco después, también por la izquierda, nos vamos por un antiguo camino poco transitado que va paralelo a éste. Lo tomamos hasta que aparecen los primeros hitos a la izquierda, por donde debemos comenzar a subir hacia las paredes del Morrón de Espuña.

Nada más empezar a subir, las rachas de viento soplan con fuerza, vuelve la nube y la lluvia intermitente. Hay que procurar seguir los hitos de piedra en ascenso, quizás mejor por la derecha, que evita en buena parte la pedriza. El desnivel es fuerte pero las paredes están cada vez más cerca.

Arribamos a los pies de Peña Soleada, colosal pared vertical que el sol ilumina, pero que hoy es peña mojada. Siguiendo los hitos la rodeamos por la izquierda, en busca del Arco de Sigismondi y el Carrerón del Diablo. Al dar la vuelta, las paredes forman un bello rincón muy agreste.










Subiendo por la derecha evitamos otra pedrera mucho más corta, y pegada a estas paredes oscuras y mojadas, descubrimos la extraordinaria grieta inclinada en ascenso, que separa a Peña Soleada del Morrón de Espuña. Es como una herida abierta en la montaña: el Carrerón del Diablo.

Hacemos fotos al entorno  y examinamos el Carrerón. Sabemos que son tres trepadas, la última un poco más alta, y luego un destrepe; pero evaluando la situación de las paredes mojadas y chorreando agua, decidimos no atravesarlo hoy. La montaña siempre va a estar ahí.

Desconocemos la situación del Arco de Sigismondi. Luego en casa, al repasar las fotos,  descubriremos que lo teníamos a 50 metros de nosotros. Es tal su mimetismo con el entorno que resulta difícil localizarlo, al ser las paredes del fondo y el Arco del mismo color.

Algo frustrados, regresamos a la base de Peña Soleada, hemos visto una oquedad  protegida de la lluvia y el aire para tomar nuestro almuerzo. Cuando estamos terminando llegan dos personas que también van en busca del Arco. Les indicamos el camino al Carrerón y les decimos que no hemos visto el Arco.

Ha dejado de llover y parece que el día se va aclarando. Emprendemos el regreso afrontando la pedrera ahora por la derecha, por debajo de la zona del Carrerón. Apenas hemos avanzado unos metros y oímos unos gritos que nos avisan. La pareja anterior ha encontrado el Arco.


No lo dudamos un segundo. Torrentera arriba de nuevo. Llegamos a su altura, que ya habíamos estado antes y ahí lo tenemos: el Arco de Sigismondi. Es una ventana cuadrada camuflada en las paredes, con un afilado espolón a su izquierda. Solo se distingue bien viéndola desde la derecha, cuando su fondo es el cielo y no la roca.

Hacemos y nos hacen fotos. Estamos entusiasmados, al menos no nos vamos de vacío. Observamos el Carrerón y sigue mojado, por lo que no sentimos sensación de fracaso. Los otros montañeros tampoco lo van a subir, pero se quedan para almorzar.

Torrentera abajo, el cielo termina por despejarse. La masa del pinar vuelve a ser inmensa. Intentamos seguir de nuevo los hitos de piedra, aunque hay varias versiones, pero no importa, el caso es hacerlo sencillo. Hacia arriba el sol ilumina Peña Soleada.

El fin es llegar de nuevo al camino interior. Entre las ramas de los pinos y con el zoom, vemos la casa del Collado Bermejo y muy claramente, rodeada de la alfombra de pinos, Las Cunas (1.406 m.) con el símbolo fálico de Peña Apartada a su izquierda.

Últimas fotos en el bosque de pinos a Peña Soleada, antes de alcanzar el camino, que ahora seguimos por la izquierda. En pocos minutos nos desciende y se sitúa paralelo a la carretera cerrando el círculo. Llegamos al Collado Bermejo y fin de la ruta.
Las vistas son mucho más despejadas que esta mañana desde el mirador. Es una ruta muy sencilla, con el aliciente de subir al Torreón de los exploradores y al final, el colofón abrupto del Arco de Sigismondi. Al no pasar por el Carrerón del Diablo, calificamos la ruta de moderada.

VER RUTA EN WIKILOC: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=8339839
RECORRIDO: CIRCULAR
AGUA EN RUTA: NO.                                                                                                    
DISTANCIA: 11,4 KM.
TIEMPO: 05:20 HORAS.
ALTURA MÁXIMA: 1.583 M. (Morrón de Espuña (Torreón de los Exploradores)
ALTURA MÍNIMA: 1.201 M. (Collado Bermejo)
DESNIVEL POSITIVO: 720 M.
DESNIVEL NEGATIVO: 720 M.
DIFICULTAD: MODERADA.


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