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GRAN CIRCULAR AL TABAIÁ, EL CASTILLO DEL RÍO Y AL CAU, DESDE LA FONT DEL LLOP.
El origen de Aspe podría estar en la antigua Aspis ibérica, situada en el emplazamiento del castillo del Río. El castillo en sí fue levantado en el siglo XII por los árabes (almorávides). Fue el núcleo del primer asentamiento de Aspe, llamado Aspe Viejo. En el año 1225, dieciocho antes de que se produjese la ocupación cristiana, ocurrió un hecho trascendental para Aspe: Cuando el califa almohade Al-Udri, se había desplazado a Marruecos, el castellano Alvar Fañez, junto con los Concejos de Cuenca, Huete, Alarcón y Moya, realizaron unas algaradas por tierras de Murcia, produciéndose un enfrentamiento muy sangriento entre los castellanos y los musulmanes murcianos, en el castillo de Aspe. Este suceso fue quizás, junto con la insalubridad y estrechez del Castillo, la que motivó la creación y asentamiento de los pobladores del castillo, en la actual ciudad de Aspe, situada a unos cuantos kilómetros al Oeste, sobre una topografía más llana y en las proximidades de unas fuentes que brotaban en el curso del río Tarafa. El tránsito de uno a otro emplazamiento fue lento y durante algún tiempo pervivieron los dos núcleos urbanos, como se demuestra en un privilegio de Alfonso X a Alicante, fechado en 1252 y en el que se habla de “Aspe Nuevo” y “Aspe Viejo”. El lugar fue conquistado en 1265 por el infante don Pedro, quien lo cedió a Alfonso X. Por un breve periodo de tiempo perteneció al infante Juan Manuel, hasta que durante las guerras con Castilla fue ocupado por los aragoneses en 1296 y confiado al rais de Crevillente. En virtud de la sentencia de Torrellas de 1304 Aspe quedó definitivamente incorporada al Reino de Valencia. Conoció diversos señores pertenecientes a la Casa Real, hasta que a finales del siglo XV pasó a los condes de Cocentaina. Ha sido excavado en repetidas ocasiones por los departamentos de arqueología de la Universidad de Alicante y de la Diputación.
sábado, 16 de mayo de 2026
Posted by Vaig a Peu
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ENTRENANT PER LA SENDA DE LAIA HASTA EL CAU, REGRÉS PER EL BARRANC DE LES CARRETES.
Siempre tuve curiosidad por conocer de donde procedía la piedra con la cual se construyó nuestra basílica de Santa María. Mantenía en mi pensamiento un lugar que habría de distar poco de Elche, muy cercano al pueblo; es decir, amparado en el transporte lento de los carros, rodando sin prisa alguna. Así que, llevado de tan inquietante pensamiento, hablé con un amigo conocedor de los montes cercanos, quien me dio la noticia de saber donde se hallaban las dichosas canteras. Es más, se ofreció enseguida para ser raudo y amable guía. Lo cual supuso que ajustásemos de inmediato el día de la excursión. Comentaré que iniciamos la caminata -junto a otros compañeros interesados en la historia- penetrando en el barranco de San Antón, una vez pasada la urbanización Buenavista. Y seguimos su cauce, tachonado de agrestes entrañas, venciendo continuos obstáculos. Era, insisto, un ramblizo rendido al paso del tiempo, donde se hacía difícil avanzar. Cosa curiosa: dicho paso, trazado sobre el fondo de la barranca, seguía un rumbo asfixiante que se curvaba y retorcía acoplado al repliegue del monte. Empero, de cuando en cuando, aparecía en él, la rodadura marcada en roca viva por la llanta de miles de carros que lo habían hollado en su lento trasiego. Por supuesto, nos costó bastante llegar al grupo de las centenarias canteras. Mas al fin, en una bella hondonada de pinos, respetada por el acrecentado silencio de una montaña desolada -sierra que lleva en el plano topográfico de Elche el extraño nombre de Peligros- hallamos los callejones abandonados de las ansiadas pedreras. Confesaré que me llamaron la atención las caras perfectas de tales canteras suministradoras de la piedra arenisca de nuestro templo. Superficies lisas, cortadas limpiamente, lo cual daba a entender que nos hallábamos ante un tipo de roca que admitía ser tratada bajo la extracción por cuñas y luego retocarse con escoplo. Un trabajo de muchísimo esfuerzo, propio de hombres esforzados, capaces de poder superar el agobio de una tarea realizada entre el polvo y la crudeza del sol inclemente. Pensé entonces en el agua y en la sed de semejantes canteros. Seres perdidos allá en el silencio y extravío de estos montes. Y he aquí que mi amigo me mostró el recurso heroico para conservar el agua. Era un aljibe excavado en una laja del lecho de la barranquera. Estaba formado por cierta cubeta rectangular, cubierta con losas planas, en una de las cuales se abría el brocal, - apto para cerrarse con tapadera - cuya boca permitía sacar agua con pozal. Dicho aljibe se alimentaba por fino canalillo, abierto en la roca, regata que llevaba el agua de lluvia a una arqueta-arenero y de allí rebosaba cayendo a la poza o aljibe. ¡Qué empeño pusieron los constructores de Elche para que estas canteras cercanas funcionasen largo tiempo! Debe saber el lector que la iglesia de Santa María tardó ciento once años en construirse, siendo además una obra muy superior a la economía de aquel pueblo nuestro, cercano al final del siglo XVII. Ahora conocemos muy bien que los dibujos realizados por Nicolás de Bussi para el templo local - los cuales maravillaron al Concejo - proyectaban un edificio demasiado grande y costoso para los tres mil habitantes que estarían censados en Elche. Sin embargo, la locura de un sueño salió adelante, gracias al tesón ilicitano. Y Santa María es hoy una joya incomparable hecha para albergar el esplendor de La Festa. ¡Lo he recordado al visitar las canteras! (08/04/2007 artículo en el diario Información)
martes, 26 de agosto de 2025
Posted by Vaig a Peu
DESDE EL MOLÍ DELS MAGROS AL CASTELLAR Y EL CAU, REGRÉS PER ELS LLOMETES DE LA SENDA JUMANJI Y LA SENDA ALS PEUS DEL CASTELLAR.
El proyecto de investigación arqueológica en el Castellar de la Morera (Elche) tiene como objetivo documentar uno de los yacimientos arqueológicos más interesantes, controvertidos y olvidados que el panorama de la arqueología islámica puede ofrecer en la provincia de Alicante. La investigación ha sido impulsada por el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), con la participación de la Universidad de Alicante y el apoyo del Museo Arqueológico y de Historia de Elche (MAHE) y ha surgido como un revulsivo ante el abandono secular de este importante yacimiento ilicitano, mencionado ya por Cristóbal Sanz en 1621 y dado a conocer por el historiador ilicitano Pedro Ibarra a finales de los años veinte del pasado siglo, pero olvidado por la investigación reciente. Su objetivo primordial es la explicación histórica del asentamiento a la luz de los convulsos procesos de la formación de una sociedad islámica entre los siglos VIII y X, entre los que se sitúa la problemática de la localización del topónimo árabe «Al-�Askar» (el campamento), aparente trasunto de una realidad percibida como urbana por el geógrafo oriental al-Ya�qubi en su obra Kitab al-buldan, fechada a finales del siglo IX. La eventual identificación de ese emplazamiento con el yacimiento explorado ha sido recientemente formulada por P. Guichard a partir de la confrontación rigurosa de las fuentes árabes con el valioso testimonio de la Yamhara o tratado de genealogía de Ibn Hazm, que radica en los distritos y alrededores de Elche al linaje árabe de los Banu al- ayj, famoso por sus episodios de disidencia en los castillos de Alicante y Callosa de Segura entre los años 924 y 928.
sábado, 2 de agosto de 2025
Posted by Vaig a Peu
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