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FUNCHAL, MADEIRA
El municipio de Funchal está formado por diez parroquias: Monte,
Inmaculado Coração de María, Santa Luzia, Santo António, São Roque, São
Gonçalo, São Martinho, Sé, São Pedro y Santa María Maior. Funchal está situado
en la costa sur de la isla de Madeira, en una bella bahía con forma de
anfiteatro natural, surcada por montañas, valles, ríos, árboles centenarios,
jardines floridos y casas con tejados de color terracota. La ciudad de Funchal
es bonita, limpia, tranquila y cautivadora, tanto de día como de noche. Mantiene
el ambiente acogedor de las ciudades pequeñas, donde las personas se saludan
por la calle, pero es lo suficientemente grande para recibir con los brazos
abiertos a visitantes de todo el mundo. Su autenticidad combina con el clima,
el patrimonio cultural, las actividades al aire libre y la gastronomía, y
proporcionará unas vacaciones memorables. Esta es la tarjeta de visita de esta
ciudad inolvidable, que creció desde 1508 en el más importante centro de todo
el archipiélago, con muchas historias por contar, diversos lugares para
descubrir y naturaleza a su alrededor. La historia de Funchal se remonta a
cinco siglos atrás, cuando colonos portugueses se asentaron en la costa de una
soleada y brillante bahía donde el hinojo (funcho en portugués) crecía en abundancia,
por lo que se le dio ese nombre a la nueva ciudad. Con los años fue creciendo
la población gracias al comercio internacional que atraía la atención de toda
Europa. Hoy en día Funchal es una ciudad muy moderna que cuenta con unos
112.000 habitantes. Es una de las ciudades más seguras y limpias de Europa y un
lugar orgulloso de sí mismo. Las calles perfectamente adoquinadas del centro,
junto con las modernas zonas de compras, las cafeterías, los bares,
restaurantes y por supuesto los turistas, hacen de Funchal una ciudad
interesante a la par que apasionante.
viernes, 6 de abril de 2018
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LEVADA DO RISCO Y LEVADA DAS 25 FONTES, MADEIRA
El Bosque de Laurisilva es uno de los ecosistemas naturales más
importantes y característicos del archipiélago de Madeira. Esta designación
proviene del latín: Laurus (laurel, lauráceas) y Silva (bosque). Este bosque húmedo subtropical está
incluido en el Parque Natural de
Madeira, con el estatuto máximo de Reserva Integral. Ocupa un área importante de la Isla de Madeira:
en total unas 15.000 hectáreas.
Está muy bien conservado y es uno de los hábitats naturales con más diversidad
de plantas por km². Por estas razones, el bosque de Laurisilva, fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por
la Unesco en 1999. Pero hablemos un poco de la historia de este
increíble bosque de vegetación
sorprendente por el porte y las formas de algunos de sus árboles,
en su mayoría pertenecientes a la familia de las Lauráceas. Se formó hace 20 millones de años, en los
períodos Miocénico y Pliocénico de la Época Terciaria, momento en el que el bosque ocupaba toda la
cuenca del Mediterráneo, el sur de Europa y el norte de África. Tras la
desaparición del antiguo Mar de Tetis y la formación del Mar Mediterráneo, el
clima se alteró en Europa y el norte de África. Con las glaciaciones de
principios del Cuaternario, los bosques casi se extinguen en la Europa
continental, donde todavía hay algunas especies que sobrevivieron, como el
laurel portugués o loro (Prunus lusitanica) y el laurel (Laurus nobilis). En el
caso del norte de África, sólo subsiste una pequeña presencia de este bosque en
la costa de Mauritania. Por tanto, el bosque de laurisilva solamente sobrevivió en las regiones insulares,
ya que los cambios climáticos no las afectaron tanto, y gracias también al
efecto protector del Atlántico. Así, podemos encontrarlo todavía en los
archipiélagos portugueses de las Azores y
de Madeira, en el archipiélago de las
Canarias, en el de Cabo
Verde, en las Cataratas de
Iguazú y en algunos lugares de la costa de Mauritania. Pero donde
mejor sobrevivió fue en la Isla de
Madeira: ocupa el 20% de la
isla, y se encuentra principalmente en la costa norte, en altitudes que van de los 300 a los 1400 metros.
Aunque también existe en la costa
sur, entre los 700 y 1600 metros.
jueves, 5 de abril de 2018
Posted by Vaig a Peu
PICO DO AREEIRO, MADEIRA
El Pico de Arieiro,
con sus 1818 metros, es el tercer pico más alto de Madeira. Las vistas que
ofrece son impresionantes, con un mar de nubes sobre las bellas formaciones
rocosas, imposibles de describir con palabras. Cuando el tiempo lo permite se
puede ver la costa sur, el Curral das Freiras e incluso la Isla de Porto santo.
En el camino tendrás la sensación de viajar a un mundo diferente a medida que
asciendes, ya que los bosques verdes que cubren la mayor parte de Madeira
central dejan paso a un paisaje mucho más salvaje y desnudo, propio de tierras
altas. Dicha sensación se intensifica por el cinturón de nubes que se observa
al llegar a los 1.200 metros. Pasada esta zona de niebla, que en ocasiones
provoca lluvias torrenciales, volverás a ver relucir la luz del sol. Muy pronto
la roca desnuda se transforma en la característica predominante de este paisaje
donde sólo resisten las plantas más duras y resistentes. Una vez aquí, la
ausencia de vegetación es compensada por una interminable sucesión de sierras y
hermosos e impresionantes precipicios. En este lugar las nubes se detienen
sobre los valles más profundos y el único sonido que escucharás es el del
viento. Los colores que predominan en esta zona son el violeta, el ocre y el
marrón chocolate, los cuales se intensifican con los rayos rojos y anaranjados
de la puesta de sol o con la luz rosada del amanecer. Si estás en forma y te
gusta practicar senderismo puedes recorrer el sendero que une el Pico do Areeiro con el Pico Ruivo, el
pico más alto de Madeira.
miércoles, 4 de abril de 2018
Posted by Vaig a Peu
LEVADA DO CALDEIRÃO VERDE, MADEIRA
La levada do Caldeirão Verde, impresionante obra de arte construida en
el siglo XVIII, comienza en el lecho principal de la Ribeira do Caldeirão Verde
y, atravesando abruptas escarpas y montañas, transportará el agua que discurre
desde las más altas montañas de la isla de Madeira al regadío de los terrenos
agrícolas de la pedanía de Faial. Esta levada para fines de uso agrícola
constituye una importante vía de penetración peatonal en el interior del valle
profundo de la Ribeira de São Jorge y ofrece al caminante una vertiginosa y
espectacular visión de la orografía del interior de la isla y la posibilidad de
pasar por túneles excavados en la roca a fuerza de brazos. En el Parque
Forestal de Queimadas se encuentra el refugio (Casa de Abrigo) de Queimadas,
que mantiene las características originales de las casas típicas de Santana;
presenta un espectacular tejado de paja. Cabe destacar los excelentes
ejemplares de cedros japoneses elegantes (Cryptomeria japonica), las hayas
europeas (Fagus sylvatica) de denso follaje rojizo, los cedros de Madeira
(Juniperus cedrus), til (Ocotea foetens), palo blanco (Picconia excelsa),
brezos centenarios (Erica scoparia), algunos ejemplares de cletra (Clethra
arborea)y uva de monte (Vaccinium padifolium), que podrán contemplarse a lo largo
de la ruta de senderismo. Las especies de avifauna autóctona que podemos
avistar van desde el pinzón común (Fringilla coelebs), el reyezuelo listado de
Madeira (Regulus ignicapillus madeirensis), la paloma torcaz (Columba trocaz
trocaz), la lavandera cascadeña de Madeira (Motacilla cinerea schmitzi) y el
ratonero común de Madeira (Buteo buteo harteti). Todavía cerca del Parque
de Queimadas, podemos avistar a lo lejos un pequeño núcleo de población: se
trata de Achada do Marques, lugar declarado Paisaje Protegido que se
caracteriza por las tradicionales terrazas agrícolas y antiguos pajares de
piedra. Después de pasar por los 4 túneles que existen a lo largo del
recorrido, Caldeirão Verde surge a la izquierda de la levada y, para llegar a
él, basta subir algunos metros por el lecho del río. El lago de Caldeirão
Verde está formado por el agua que se proyecta verticalmente del lecho del río
de Caldeirão Verde a una altura de aproximadamente 100 metros.
martes, 3 de abril de 2018
Posted by Vaig a Peu
PONTA DE SÃO LOURENÇO, MADEIRA
En el extremo nororiental de Madeira se encuentra la alargada península de São Lourenço que se adentra poco más de cinco kilómetros en el venturoso
océano Atlántico. La península es una formación basáltica, como la mayor parte
de la isla, árida y carente de árboles. Con todo, la zona es muy apreciada por
los senderistas ya que el recorrido no supera los 10 kilómetros (ida y vuelta)
y, ofrece un cambio de panorama impresionante tras haber visitado las cumbres
de Madeira y sus frondosos bosques de Laurisilva. Aquí nos encontramos con una estrecha franja de tierra roja,
desprovista de vegetación y golpeada por ambos lados por el furor del
Atlántico. Un sendero acompaña al caminante hasta la Ponta del mismo nombre,
donde se alza el primer faro de la isla construido en el año 1870. Los
acantilados son grandiosos y los recovecos, estrechas playas de arena negra,
acantilados y pequeñas cumbres no dejarán a nadie indiferente. Al mismo tiempo
la ruta no excesivamente dura. Fauna y
flora única. La península marca por su relieve bajo y ondulado y por la
falta de vegetación frondosa un cambio muy grande con el resto de la isla. Un
paisaje rugoso que cambia mucho la imagen de Madeira. A pesar de su aspecto, la
península de São Lourenço alberga más de 131 especies de plantas. No es una
vegetación exuberante, pero las pequeñas plantas son muchas veces únicas. De
hecho 31 especies de flores, pequeños arbustos y otras plantas son endémicas. La
fauna es también muy interesante. Entre las aves, grandes colonias de gaviotas.
Durante el recorrido podremos ver bisbitas camineros (Anthus bertheloti
madeirensis), jilgueros (Carduelis carduelis parva), canarios (Serinus canaria
canaria), cernícalos (Falco tinunculus); aves marinas como la pardela
cenicienta (Calonectris diomedea), el paíño de Madeira (Oceanodroma castro),
los petreles de Bulwer, (Bulweria bulwerii) y el charrán común (Sterna
hirundo). El único reptil de Madeira, la lagartija (Lacerta dugesii) abunda en
toda la zona. Otra de las particularidades de la fauna en la península de São Lourenço
son los moluscos terrestres endémicos. 28 tipos de caracoles que no existen en
ninguna otra parte del mundo. Así que cuidado con maltratar a estos frágiles
seres vivos. La foca monje es la foca más escasa del mundo. Este mamífero
marino que antes era común en el Mediterráneo, ha casi desaparecido por lo que
si consiguen verla disfruten. Este pequeño animal, grácil y amable merece una
oportunidad. La belleza de la península y la relativa facilidad de acceso hace
que sea una zona muy visitada de la isla, sobre todo en verano. Al principio de
la caminata se encuentra el Pico do Furado, desde donde se pueden hacer fotos
muy espectaculares. Un lugar muy interesante es la Casa do Sardinha, que fue construida en el año 1905
por Manuel Bettencourt Sardinha, una especie de oasis donde se puede comer
ya que hay una zona habilitada con bancos, mesas y hay agua, la única fuente de
toda la península. En la casa se encuentra también el puesto de vigilancia
del Parque Natural de Madeira.
Desde este punto se ven hacia el sur, las
islas Desertas y al norte Porto Santo. Un panorama único, dominando todo el
océano.
lunes, 2 de abril de 2018
Posted by Vaig a Peu
LEVADA DO MOINHO, MADEIRA
Las levadas de Madeira son uno de los mayores atractivos del
archipiélago, sobre todo para los amantes
del senderismo, que pueden elegir entre múltiples rutas, ya que Madeira cuenta con 2500 kilómetros de levadas y de senderos.
Las levadas son canales de agua de
una profundidad de 50 cm. que se encuentran por toda la isla y que, en su
origen, estaban destinadas para abastecer de agua a la región del sur de
Madeira -para regar las plantaciones y para llevar agua a las aldeas-, que era
más seca que la región norte. Fueron construidas a partir de mediados del siglo XVI y, en
muchos casos, supusieron auténticas
obras de ingeniería, ya que muchas levadas fueron esculpidas en las
montañas (recuerden que Madeira es muy montañosa); de hecho, algunas atraviesan
túneles: hay unos 40 kilómetros de
túneles en la isla de Madeira. Existen unos 2.500 kilómetros de levadas, y pueden recorrerse por
senderos paralelos a las mismas y, a veces, sobre las mismas levadas. Algunas
discurren por acantilados al borde
del mar, y otras, por el
interior de la isla, a través de lugares más protegidos; a veces se
estrechan tanto que a penas hay sitio para pasar y, otras veces, son auténticas
avenidas. Eso sí, en todas ellas, podrán disfrutar de magníficos paisajes y
descubrir rincones recónditos,
como es el caso del bosque de Laurisilva,
declarado patrimonio mundial por
la UNESCO en 1999. De hecho, las levadas forman parte del
patrimonio cultural de Madeira y son la demostración de que el hombre puede
realizar obras en total armonía con la naturaleza.
domingo, 1 de abril de 2018
Posted by Vaig a Peu
MADEIRA
Las islas que hoy conforman el archipiélago eran conocidas y mencionadas
anteriormente, pero solo a partir de 1420 se procedió a su descubrimiento
oficial y respectivo reconocimiento y poblamiento por parte de los marineros
portugueses al servicio de Enrique el Navegante. Los marineros llegaron a una
pequeña isla, desviados por una tempestad. Le llamaron Porto Seguro o Porto
Santo, ya que salvó a la tripulación de un destino trágico. Tristão Vaz Teixeira,
Bartolomeu Perestrelo y João Gonçalves
Zarco (los tres descubridores) llegaron
también a la isla de Madeira. Se cree que fue Joao Gonçalves Zarco el que
eligió el nombre de la isla. Le llamó Madeira (madera) debido a la abundancia
de este elemento en la isla. El origen del nombre de Funchal se debe a una
planta, el hinojo (funcho en portugués), que aquí encontraron en abundancia.
Debido a su potencia y a la importancia estratégica de las islas, se inició su
poblamiento alrededor de 1425. Se introdujeron cultivos agrícolas, como los
cereales y la caña de azúcar, que convirtieron a Funchal, en la segunda mitad
del siglo XV e inicios del siglo XVI, en un importante puerto de escala
obligatoria para rutas comerciales europeas. Los siglos XVII y XVIII se
caracterizaron por la introducción de las variedades de vino de Madeira, que
determinaron significativamente la economía de la isla. A finales del siglo
XVIII y a lo largo de los siglos XIX y XX, Madeira floreció a través de la
actividad turística. Se convirtió en un referente obligatorio por sus
cualidades terapéuticas y climáticas naturales, que fascinaban a la
aristocracia europea, que aquí se establecía. Actualmente, Madeira sigue
inspirando a los viajeros, que acuden en busca de paisajes de una belleza
singular, desde el mar hasta las montañas.







