Posted by : Vaig a Peu miércoles, 11 de marzo de 2026

Situado en el cabo del mismo nombre, este faro potente y enérgico alerta constantemente de la peligrosidad del Atlántico y resiste los temporales de la Costa da Morte. Se trata del segundo cabo más occidental de Galicia y se localiza sobre un brazo de tierra que se adentra en el Atlántico hacia el fin del mundo, consiguiendo la máxima longitud occidental de Galicia con 9º 18´ 19´´ al Oeste de Greenwich, siendo mínimamente superado por el "Cabo da Nave", en Fisterra, y el "Cabo da Roca", en Portugal, con 9º 29´ 50´´. Frente a esta occidentalísima punta europea se localiza el espectacular pasillo otoñal, de septiembre a noviembre, de los pasos migratorios de numerosas especies. Los constantes vientos de Touriñán convierten a ésta ya de por sí salvaje costa, en un paraje áspero e inhóspito, silencioso testigo de incontables y trágicos naufragios. Sin duda uno de los aspectos que más impresiona del lugar es su altura, así como la fiereza con la que el mar bate contra el acantilado. En verano, y coincidiendo con la marea baja se puede contemplar la labor de los "percebeiros" que arriesgan sus vidas en busca del preciado marisco.

COMPONENTES: VICENTE, GINÉS Y JOSE.

ITINERARIO: MUXIA / PRAIA DO COIDO / PRAIA DE LOURIDO / PARADOR NACIONAL / PUNTA LOURIDO / REGO VADALAXE / MONTE CACHELMO / PRAIA DE ARNELA / PUNTA BUITRA / MONTE BUITRA / COIDO DE CUÑO / REGO DE CUÑO -SUBIR- / NO PASAR -ACANTILADOS - / MONTE PEDROUZO / RIBERA DE VISEU / PRAIA DE MOREIRA / FARO DE TOURIÑAN / PUNTA DA INSUA / COIDO DE TOURIÑAN / FIN DE ETAPA.



LA RUTA:
 La de ayer fue una gran etapa con final cultural y recuerdo de las grandes catástrofes de la Costa da Morte al llegar a Muxía. Pero hoy empieza lo bueno, nos quedan las dos etapas más duras y la lluvia de la mañana no cesa como en otros días, pero es lo hay, estamos en Galicia.

 



La costa de Muxía hasta el Faro Touriñán es una costa agreste y casi inaccesible que los trasnos han conseguido unir creando una ruta espectacular. Estamos en el tramo más duro del camino y debemos tomarlo con tranquilidad hasta llegar a la Praia de Moreira. A partir de ahí, la etapa se suaviza hasta el Faro Touriñán.

 



Iniciamos desde el hotel, callejeando por Muxía hasta enlazar con la senda oficial en la Praia do Coído, donde la llovizna persiste en un mar revuelto. Cogemos la carretera de la costa, un tramo sin arcén que compartimos de nuevo con el Camino de Santiago.

 



Al llegar a la Praia de Lourido, bajamos por un estrecho e irregular sendero a la playa. Donde tenemos que cruzar un ancho regato poniendo piedras y palos. La Praia de Lourido, tiene forma de concha, es de arena muy fina y, cuando está en calma tiene las aguas de color turquesa, pero hay que tener cuidado ya que es una playa peligrosa para el baño. Las dunas que la rodean son del tipo atlánticas y están llenas de vegetación.

 



Todas las miradas van ahora hacia el nuevo Parador Costa da Morte de Muxía, con un emplazamiento privilegiado sobre la playa de Lourido, de reciente construcción respetando todas medidas medioambientales.

 



Cuando llegamos a la pista que conduce al parador, seguiremos por la derecha una herbosa senda con indicaciones y descripciones del O Camiño dos Faros y otras rutas cercanas. Subimos levemente entre coloridos restos de helechos.

 



Comenzamos a bordear la costa y obtenemos brumosas miradas a Muxía entre un mar con bravo oleaje. De momento no llueve, pero sigue muy nublado cuando conectamos con un estrecho sendero de pescadores.

 



Marchamos sobre acantilados poco elevados, viendo batirse las olas contra las rocas que generan gran cantidad de espuma blanca que perdura al ser un oleaje costero constante. Se agradece volver a escuchar el ruido del mar.

 



Alcanzamos Punta Lourido virando a la izquierda, donde ya se hace patente la gran mole del Monte Cachelmo y el Coído da Agra. Mirando hacia atrás vemos como la bruma deja casi invisible la pequeña península de Muxía.

 












Junto al Coído da Agra cruzamos el Rego Vadalaxe, desde donde se inicia el vertical ascenso al Monte Cachelmo, siendo una de las subidas más duras del O Camiño dos Faros. Son sólo 750 metros, pero se asciende de 0 a 150 metros, con una pendiente media del 23%.

 



Estamos al principio de la etapa y hay que tomarlo con tranquilidad, con un par de descansos por el medio. Las panorámicas y el cuerpo te lo agradecerán. Vamos ascendiendo entre toxos y las rocas de esta mole de granito.

 



Con la lluvia y la bruma, los toxos y matorral bajo están repletos de agua, lo que hace que las perneras de los pantalones se empapen y lleguen a mojar las botas. Pese a la bruma las panorámicas a toda la costa son espectaculares.



El último tramo es más duro y pétreo, hay que llevar cuidado en los resbalones. Grandes rocas jalonan la cima, pero la visibilidad es casi nula. Nos perdemos las miradas al faro de Vilán y a toda la ría de Camariñas.

 



El silencio es absoluto, y no sabes si estás viendo el paisaje o si realmente estás dentro de él. Tampoco podía faltar la leyenda de amor entre un trovador y la bella hija de un rico caballero y que acabaron en la Furna da Buserana, que es imposible verla desde la cima.

 



Desde Cachelmo descendemos por un sendero bastante complicado, sobre todo al estar mojado, tomando muchas precauciones para no resbalar. Nos metemos hacia el interior por un bosque de pinar con poco porte donde se amortigua el descenso.

 



Conectamos con la pista de la pequeña Praia de Arnela, en un entorno casi virgen, aunque. no vemos nada por la bruma. Es una playa de no fácil acceso y escondida por tierra y por mar, habiendo sido utilizada en algún momento por narcotraficantes en sus descargas.

 



Por la pista y el asfalto relajamos nuestras piernas y caminamos seguros, son caminos que está reforestando y en algunos cruces hay que estar muy atentos buscando las flechas y puntos verdes, o echando mano del GPS.

 



La pista de Buitra nos sigue elevando con moderación mientras seguimos perdiendo las hermosas vistas del mar rompiendo en los acantilados de Monte Cachelmo y la playa de Arnela. Al menos la música del ruido de las olas nos acompaña.



Hacemos un giro para tomar el sendero que comienza a subir a la cima. Punta Buitra es otro de los salientes que tiene esta revirada costa de Muxía y que te hace caminar sobre el océano. Volvemos a mojarnos las perneras por el estrecho sendero hacia la cima de Punta Buitra.

 



Aunque el desnivel es inferior, es mucho más largo, y hace un viraje para encarar la segunda loma donde se encuentra la cima. Ahora tendríamos grandes miradas a los acantilados de Cuño y a la Punta de Cabo Touriñán, pero nos conformamos con intuir el oleaje entre la bruma.

 



Emprendemos un descenso abrupto y mojado. El tramo no es fácil y acentuamos las precauciones, olvidándonos de nuestras perneras y botas mojadas. El sendero nos da un respiro siendo más horizontal entre toxos.

 



Un nuevo giro vuelve a complicar el descenso haciéndolo más vertical hacia los acantilados de Cuño, donde el mar, ahora más visible, rompe con fuerza, es un espectáculo contemplar la naturaleza embravecida.

 



Los pequeños salientes de la recortada costa, a la que descendemos por los acantilados de Cuño, nos dejan con la boca abierta. El monte cae de manera abrupta, formando varias puntas donde las olas no para de romper, llenándolo todo de espuma.

 



En una de las puntas tomamos un respiro y repostamos recuperando fuerzas. El sendero continúa bordeando los acantilados a media altura, donde la bruma parece haberse detenido dejándonos una franja visible sobre el mar.

 



Es una sensación extraña en que la bruma oculta la parte alta de los acantilados e impide las vistas lejanas en otro tramo de costa abrupta, otra mole de granito que nos defiende del continuo golpeo de un Océano Atlántico que no conoce descanso.

 



Así llegamos al Coído de Cuño, que lleno de bolos de todos los tamaños, es de gran interés geológico y su origen puede proceder de depósitos cuaternarios, aunque otros autores señalan que puede ser debido a una terraza marina.

 



Con el Prestige, todas estas rocas quedaron cubiertas de una pasta negra de fuel imposible de sacar, y de la que aún podemos ver algún resto. Tanto aquí como en Moreira los científicos ensayaron varios métodos de biorremediación, proceso que utiliza microorganismos que eliminan esa contaminación. 

 



Una vez que crucemos el Regato de Cuño, el camino se mete hacia el interior, por el Bosque de Cuño en ascenso. Ojo y no os confundais en este punto, porque continuar por los acantilados es imposible y muy peligroso.

 

Tenemos que ascender por los bosques al Monte Pedrouzo (269 metros). Es una subida distendida de unos dos kilómetros con una pendiente media del 13%. Será nuestro tercer ascenso de hoy que con las botas mojadas va pesando.

 

Algunos tramos del camino están encharcados por el paso de la bruna que parece ir levantando. A media altura se suaviza el desnivel al dejar el bosque. Atravesamos pequeñas ondulaciones herbosas que nos siguen mojando.

 

En la cima apenas distinguimos las grandes piedras y los altivos molinos eólicos son como fantasmas en la bruma. Vuelven los pinos en un leve bosquete antes de iniciar el descenso, donde ya asoman algunas puntas que se adentran en el mar.

 

El descenso es diferente a los demás, mucho más prolongado y distendido, lo que nos da un respiro. Con vistas a los acantilados, tramos de ancho camino herboso y franjas de pinar hasta que se va convirtiendo en un estrecho sendero.

 

Circundamos varias lomas a media altura que se adentran en el mar para llegar a la mayor bajada del O Camiño dos Faros, unos 600 metros de longitud con el 25% de nivel negativo donde volvemos a extremar las precauciones, es muy fácil resbalar.

 

En el contenido e inclinado descenso entre toxos por esta Ribera de Viseo, es obligado ir haciendo paradas contemplando como se va haciendo grande la Praia de Moreira que se adentra en tierra como una gran cala.

 

Por fin llegamos a la Praia de Moreira, una hermosa cala de bolos y arena donde el mar rompe desde sus puntas con amplias olas de espuma blanca. La playa de Moreira es un oasis en este mar de rocas. Las gaviotas saben de esta tranquilidad y se toman un descanso en sus viajes.

 

Desde aquí vemos la inaccesibilidad de la Ribeira de Viseo. Estos grandes acantilados son los que hace imposible que nuestro camino se acerque más a la costa, obligándonos a bordearlos por sus cumbres. Por una parte, es una pena, pero por otra asegura la perfecta conservación para siempre.

 

Hemos pasado el tramo más duro de la ruta, diez kilómetros sin tregua en los que parecía más que estábamos en una cordillera que haciendo una ruta por la costa. Salimos de la Praia de Moreira por una pequeña cuesta para dirigirnos al Faro Touriñán, punto más occidental de la España Peninsular.

 

Esta segunda mitad de la etapa es prácticamente llana y nos permitirá caminar en paralelo al mar, algo que no es muy fácil en este camino. Dejamos las aldeas de Touriñán y Campos a nuestra izquierda. el cielo parece ir despejándose.

 

Como pasaba en el Roncudo, son aldeas típicas del Finis Terrae, con gran cantidad de hórreos y gentes especializadas en subsistir a los duros inviernos. Tened en cuenta que hace años las comunicaciones con esta periferia de la periferia eran prácticamente nulas.

 

Cruzamos una carretera y por sendero nos vamos acercando a los acantilados y al mar. Al fondo vemos la punta de la silueta del faro de Touriñán que comienza a asomar. En este lado, durante los grandes temporales, el mar golpea con fuerza una y otra vez.

 

Después de la recta de asfalto el sendero se desvía a la derecha para bordear toda la punta del cabo   acercándonos a los acantilados de Gaivoteira, que veremos con mucho cuidado. Ya sabéis que pasa en estos sitios, con cuidado se pueden ver casi todos, sin cuidado no se debería ver ninguno. 

 

Situado más al Oeste que el propio Finisterre, la zona de la Illa do Castelo es punto más occidental de la España peninsular, este enorme saliente en la costa de más de 2 km fue debidamente señalizado con la construcción de un faro en 1898, para guiar a las embarcaciones durante la travesía por estas peligrosas aguas. 

 

El Faro Touriñán original no estaba previsto inicialmente, pero debido a los numerosos naufragios de finales del siglo XIX, se inauguró en 1898 aprovechando la óptica del viejo faro de Vilán. Situado a 50 metros sobre el nivel del mar y con una altura de 8 metros, está anexado a la vivienda de los fareros y alcanzaba las 10 millas, con una luz fija blanca producida por una lámpara de parafina. En 1918 se cambió por una de vapor de petróleo a presión, aumentando el alcance hasta las 20 millas.

 

El faro nuevo, construido en 1981, es una torre de hormigón de 11 metros de altura con una luz que alcanza las 23 millas, emitiendo 1 y 2 destellos cada 15 segundos. Un poco más delante, 400 metros por el Camiño dos Faros, a la altura de la Illa Herbeira está el punto más occidental de la España penínsular. Durante un mes al año, desde el equinoccio de la primavera alrededor del 22 de marzo hasta el 25 de abril, en Touriñán se pone el último sol de la Europa continental.

 

A la derecha, allí abajo, vemos la imponente Laxe dos Buxeirados, una restinga que se adentra en el mar y que supone un peligro para la navegación marítima. Como en 1935, cuando el choque entre el barco alemán Madeleine Reig y el pesquero gallego Ocho Hermanos hizo que éste se partiese en dos, salvándose toda la tripulación. Otro naufragio más si no fuese porque el destino es muy caprichoso y, 22 años después, en 1957, el Madeleine Reig se hundía en el mismo lugar. Además, en las cercanías de Touriñán, en tiempos de la primera guerra mundial, los submarinos alemanes mandaron al fondo del mar a un buen número de barcos aliados.

 

Así llegamos a la Illa do Castelo (o Herbosa) y ahora sí que estamos caminando por el punto más occidental de este camino y de la España peninsular. A la isla sólo se accede por tierra en mareas muy vivas y tiene en su parte superior los restos de una pequeña torre o faro, que no se sabe muy bien su procedencia.

 

El tramo finaliza en el Coído de Touriñán, después de este recorrido de más de tres kilómetros alrededor del cabo, que pueden ser perfectamente una buena ruta circular. En este punto recibimos la llamada de nuestro taxi que está en la Praia de Neimiña.

 

Nos queda más de una hora de camino para llegar y el sol va decayendo. Hemos perdido mucho tiempo, estamos cansados y con las botas mojadas. Así que decidimos cortar la ruta al terminar de rodear el Cabo. Mañana iniciaremos desde la Praia de Neimiña.






RECORRIDO: CIRCULAR.

AGUA POTABLE EN RUTA: SI. (Pero hay que llevar provisiones)

DISTANCIA: 21,9 M.

TIEMPO EN MOVIMIENTO: 9:40 HORAS

ALTURA MÁXIMA: 279 M. (Monte Pedrouzo)

ALTURA MÍNIMA: 0 M. (Nivel del mar)

DESNIVEL POSITIVO: 937 M.

DESNIVEL NEGATIVO: 927 M.

DIFICULTAD: MODERADA.

 

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